Doblada y titulada al español, Up se llama Una aventura de altura y su debut fue realmente especial en la gala inaugural del reciente Festival de Cannes. Como que los programadores olfatearon en la película algo tan vanguardista como algunas de las manifestaciones creativas más independientes que caracterizan el evento. La buena noticia es que sí lo es: esto es un entretenimiento que se aleja radicalmente de las típicas fantasías de Disney. No recuerdo una introducción –diez minutos– tan realista y poética en animación 3D como la que abre el filme.
En esa secuencia inicial, el director Peter Docter (Monsters, Inc) nos cuenta la vida de Carl, un niño soñador y su amistad con Ellie, la chica que comparte con él sus planes aventureros. Años después ellos se casan y su vida conyugal no los deja nunca viajar a las “cataratas del paraíso”, recónditos lugares adonde solo había llegado el explorador Charles Munz, héroe de ambos en su niñez, que desapareció en la jungla de América del Sur. Ellos pierden a su único hijo. En la vejez, ella fallece dejando a Carl solo la memoria de sueños compartidos.
Esto de por sí podría haber sido el guión para un largometraje con Julia Roberts y Brad Pitt, pero la historia de Up realmente comienza después de esa dramática experiencia. Carl es un viejo gruñón y jubilado –trabajó de vendedor de globos y ayudante en el zoológico– que vive solo en la desvencijada casa de sus padres, donde la única compañía es la de Russell, el niño boy scout que lo persigue porque necesita de él la recomendación que le dará su diploma de “explorador de la naturaleza”. Ayudar a una persona de la tercera edad es parte del pénsum. La casa está en un barrio que ha sido devastado por un urbanismo desbocado y Carl nunca se resigna a dejarla. Él amarra cientos de globos de helio al techo de su casa... y a las nubes se va con Russell de polizón.
La biblia de Carl es Mi libro de aventura, el legado de su esposa, con recortes, apuntes y dibujos de las aventuras que ellos querían vivir. Up es la historia de la ejecución de esos sueños del pasado. El viaje es una fantasía incomparable: el hogar flotante desembarca en los tepuis de Venezuela para descubrir a Kevin, un ave del paraíso que es una mezcla de avestruz, tucán y “gallina superdesarrollada”, junto con Dug, el perro conectado a un collar que le permite hablar en varios idiomas. Todo es parte del encuentro con Munz en el dirigible perdido, anclado en cavernosas mesetas.
“Hay algo dulce en los viejos gruñones”, dice Docter. La película celebra una tercera edad muy saludable, repleta de humor y humanidad. El verdadero triunfo es convertir eso a entretenimiento familiar en cine de animación. No se la pierdan.