Si estuvo pendiente del Festival Internacional de Cine de Berlín, en febrero de este año, sabrá que la película peruana La teta asustada, de Claudia Llosa, fue la ganadora del Oso de Oro y el Premio de la Crítica. Un mes después, en el 24º Festival Internacional de Cine de Guadalajara, obtuvo dos galardones: Mejor película y Mejor actriz (por la actuación de Magaly Solier).
La historia se centra en Fausta (Magaly Solier), una joven que según sus creencias sufre una extraña enfermedad llamada “la teta asustada”, que transmite el miedo y el sufrimiento de madre a hijo a través de la leche materna, ya que su progenitora fue violada por terroristas en una época muy dura del Perú, en 1980.
El nombre “la teta asustada” hace referencia a una creencia entre los pobladores de zonas rurales del Perú, víctimas de la violencia durante la época del terrorismo. Pero ¿cree usted posible que el miedo de la madre se transmite al hijo cuando ella da de lactar? El neuropsicoanalista y psicólogo Eduardo Jácome Ávalos cree que sí, pues “se dice que de tal palo tal astilla o de tal tronco tal madera”. Es decir, lo que es papá o mamá serán los hijos para bien o mal; y hay dos formas de transmisión de la conducta: verbal y digital. La primera tiene que ver con lo que el hijo aprende de la convivencia con sus progenitores, de esto depende la estructura de personalidad. La segunda significa que la madre pasa sus sentimientos, pensamientos o vivencias cuando amamanta al hijo. Esto se queda grabado en el inconsciente para siempre.
Tipos de pecho
Hace 80 años, la psicoanalista austriaca Melanie Klein clasificó el tipo de estructura de personalidad del niño o la niña de acuerdo a la calidad-estructura del pecho de la madre a la hora de dar de lactar, era el que ama, ahoga, drena o castra. No tenía que ver con el tamaño del seno, sino con lo intrínseco que es el alma o psiquismo (emociones, sensaciones, carácter, temperamento).
El pecho que ama, dice Jácome, es cuando la madre al amamantar a su bebé le habla con cariño, transmitiéndole seguridad. El que ahoga, cuando lo apresura, diciéndole ¡apúrate que me atraso, tengo que irme a trabajar! Si bien está tomando la leche, el mensaje simbólico de darle tranquilidad no lo está recibiendo bien.
El que drena es cuando la madre no le dio de lactar temprano y sus pechos están repletos, lo que podría transmitir al bebé enfermedades futuras. Estas podrían originarse y manifestarse de distintas formas: tartamudez, gagueo, caída del pelo, úlceras, fracaso escolar, divorcios frecuentes, frigidez, entre otras. Problemas que están en la mente, porque se heredan y también aprenden. Y el pecho que castra es el que transmite el miedo, la inseguridad y la ambivalencia. Es decir, el niño quiere ser bueno, pero no puede.
“Pienso que producto del pecho materno las personas serán felices o infelices, considerando además el contexto del medio ambiente que también incide. Si la estructura de la personalidad está débil o mal construida, con el primer soplo se dobla”, agrega Jácome.
El genetista Ramón Vargas Vera dice que cuando una persona sufre miedos o enfermedades, estos quedan grabados en el material genético (genoma) y pueden transmitirse a su nueva generación por segregación (al azar) en el momento de la concepción, es decir, cuando el óvulo se une al espermatozoide. Por ejemplo, si de 50.000 genes 1.000 estaban relacionados con el miedo y el resto que pertenecen a otras situaciones están en menor cantidad, el temor estará presente en ese nuevo ser y puede activarse por estímulos dentro o fuera del ambiente materno.
Un mito social
El psicoanalista Juan de Althaus Guarderas dice, por ejemplo, que una relación silenciosa, muy agresiva o sobreprotectora, de una madre hacia su hija puede producir estragos en ella hasta el punto de la locura. A su vez, si es que la hija se convierte en madre, podría transmitir algo parecido a sus hijos. Y si los padres son permanentemente indiferentes, agresivos y violentos, o considerablemente ausentes, pueden transmitir estos miedos incontrolables.
Por ello, agrega, hay que enfatizar que la transmisión no es por vía corporal, como la leche materna, como en la película La teta asustada. Eso es un mito social, una fantasía colectiva que se inventa como una defensa psíquica frente a los estragos de la guerra. En cada lugar se pueden producir estas fantasías de manera diferente. De la información obtenida de este filme se puede comentar que la fantasía popular generalizada es utilizada de manera singular por Fausta. Ella es una joven extraña, vive en el silencio y solo a veces canta. Mantiene a su madre muerta embalsamada a la cual abraza. Se relaciona con una pianista solitaria, rara y poco creativa. La papa, que se la introduce en la vagina para protegerse de posibles violaciones, es un objeto preciado para ella, pues le permite poner una barrera frente a un potencial violador.
Casos como el de Fausta, agrega De Althaus, sería provechoso llevarlos donde un psicoanalista para que la acompañe en elaborar un tejido simbólico subjetivo que le permita vincularse de mejor manera con otras personas, disminuyendo su intenso dolor y sus temores agravados. Puede comenzarse con lo que ella anuda débilmente: el canto. Pero también puede suceder que alguna persona sensible a su afectación pueda servirle de acompañante. “Parece que en la película la pianista cumple en alguna medida con ese papel, que permite a Fausta vincularse socialmente mediante el intercambio musical entre el piano y el canto. Si personas como Fausta se casaran y tuvieran hijos, evitar la transmisión psíquica del terror que experimenta dependería fundamentalmente del papel que cumpla su pareja, pero aun así no hay garantía”, refiere De Althaus.