Jane Fonda, la controversial actriz, activista y filántropa, visitó el paraíso natural de las islas Galápagos en compañía de su familia y amigos durante la última semana de mayo.
Como jefe de la expedición en la que ella formó parte, fui uno de los afortunados en compartir una semana con alguien excepcional, y llegar a conocer no a la actriz sino a la mujer, madre y abuela que fue un ícono de belleza y glamour durante sus días de gloria en el cine.
Hoy por hoy, Jane Fonda es una activista social; a través de la fundación que lleva su nombre y su organización anexa, G-Capp, Jane contribuye activamente en la recaudación de fondos para sustentar programas de educación a nivel juvenil. Mediante este programa, Jane aspira a prevenir, y en el futuro erradicar si es posible, el alto índice de embarazos juveniles que ocurren en el estado de Georgia, lugar donde reside actualmente.
Su visita
Apoyándose con un bastón negro y muy fino, Jane llegó a las puertas del National Geographic Islander, barco que se convertiría en su casa por una semana completa. Desde el momento en el que arribó, su amplia sonrisa demostró mucha seguridad y amabilidad. Vistiendo jeans y un sombrero de vaquero, Jane daba a notar sus preferencias al momento de vestir; casual pero con mucho estilo, Jane desborda la elegancia de la actriz que todos recordamos de sus películas.
Luego de una breve introducción de las islas, Jane visitó la isla de Seymour Norte, considerada un paraíso terrenal debido a su extensa población de aves, reptiles y mamíferos, no vistos antes por ella.
Su primera impresión de las islas fue excepcional, hizo muchas preguntas relacionadas a la biología y la ecología de las islas, lo que me demostró su genuino interés por ellas. Apoyada en su bastón, me explicó que lo estaba utilizando últimamente debido a una molestia en su rodilla que será corregida pronto con una cirugía, en donde reemplazarán su rodilla con una combinación de titanio y porcelana.
Su interés creció a medida que encontrábamos más especies, y también sus preguntas. Nunca llevó una cámara, pero tomó fotografías con su teléfono BlackBerry todo el tiempo. “Es más fácil enviarlas luego a mi blog en internet”, explicó.
Su sombrero y sus gafas no fueron suficientes para esconder la cara de la conocida actriz; durante la visita, grupos de otras embarcaciones la reconocían casi instantáneamente. Una de ellas corrió desesperadamente a avisar a sus padres y se escuchaba en la distancia, ¡es Jane Fonda! Con mucha amabilidad (supongo que enfrentando lo inevitable) saludó a los ansiosos pasajeros de las otras embarcaciones, y cuando le pidieron tomarse fotos con ella, muy amablemente aceptó y posó para las cámaras.
El resto de su visita en las islas fue muy similar entre los visitantes extranjeros que la reconocían muy rápidamente. Cuando visitamos la ciudad de Puerto Ayora, la actriz comentó lo cómoda que se sintió de ver que los ecuatorianos genuinamente le sonreían, ya que ella sabía que su cara no le era muy familiar para los habitantes de Puerto Ayora en Santa Cruz.
Su visita a la estación Charles Darwin casi no se realizó debido a su impedimento de caminar largas distancias por la afección de su rodilla. Desafortunadamente, la actriz presenció un desmán de un delegado del Parque Nacional, quien con gritos y ademanes desde su auto, mandó a que le impidieran la entrada a la actriz que iba a bordo de un minibús para realizar la visita en las instalaciones de la Fundación Darwin, debido a una prohibición a la entrada de vehículos en las instalaciones. “En otros países las personas de la tercera edad tienen beneficios para visitar las instalaciones científicas, qué pena que en Galápagos siendo tan visitada por personas mayores, no se les dé esa facilidad”, acotó uno de los ocupantes del autobús.
Pasado, presente y futuro
La actriz de 71 años, ha tenido una larga trayectoria tanto en su actividad artística como en su activismo político y social.
Hija del famoso actor estadounidense Henry Fonda, Lady Jane Seymour Fonda (su nombre completo), ha permanecido rodeada de fama y glamour, pero también ha recibido dosis de infortunio e impopularidad social debido a su activismo político.
Cuando Jane tenía solo 12 años su madre cometió suicidio en una institución mental en la que ella mismo se internó voluntariamente. A la edad de 17 años, Jane y su padre estelarizaron una obra teatral llamada The country girl (La chica del campo) y en los sesenta ya debutaba en Broadway en una obra llamada There was a Little girl (Aquella pequeña niña). Luego de eso, su carrera creció vertiginosamente, lo que la llevó a estelarizar películas que se convirtieron en un éxito a mediados de los sesenta como Cat Ballou y Barbarella.
Ganando dos premios de la academia por Klute (1971) y Coming home (Regresando a casa) 1979, Jane fue reconocida primero por su carrera de actriz, pero su actividad de militante política también la llevó a ser reconocida e identificada por sus ideas izquierdistas, ya que activamente se oponía a la ocupación de soldados estadounidenses en tierras vietnamitas. Una de las fotos más famosas durante su visita a Vietnam fue posando en una batería antiaérea vietnamita, lo que implicaba que ella estaba a favor de dispararle a los aviones americanos. Su intención nunca fue esa, y ella está segura de que fue una estrategia muy bien planeada para utilizar su imagen por parte de los vietnamitas, pero el daño estaba hecho.
Esa imagen recorría el mundo. Su popularidad y por ende su carrera se pusieron en riesgo.
Durante una conversación abordo me indicó que debido a esa fase de su vida muchos políticos en Estados Unidos tienen miedo de verse relacionados con ella. “Lo que hago políticamente ahora es muy poco, y lo hago muy discretamente, acotó”.
Tras 46 años de haberse separado de su actividad de actriz, Jane ha regresado al mundo de la pantalla grande con películas muy recientes como Monster-in-Law (Mi suegra es un monstruo con Jennifer López) (2005) y Georgia Rule (2007). En la actualidad acaba de terminar cinco meses de trabajo en Broadway en su nueva producción 33 Variations (33 variaciones).
Al preguntarle por qué dejó el mundo de la actuación después de llegar a la fama, respondió: “Dejé la actuación un poco antes de casarme con Ted Turner (famoso multimillonario empresario), y la razón principal fue que ya no disfrutaba lo que hacía, ya no era una persona feliz. Después de diez años con Ted (mi ex esposo favorito, entre sonrisas acota) comencé a escribir mis memorias y cuando finalicé, me di cuenta que ya era una persona completamente diferente a la que fui, y que ahora sí disfrutaría la actuación”.
El futuro de Jane en la actuación parece ser ahora tan sólido como lo fue en el pasado. Comentó que tan pronto termine su gira en Galápagos, regresará a Estados Unidos para asistir a los premios Tony a los cuales ha sido nominada por su actuación en Broadway.
“Es inusual ser nominada a la mejor actriz para los premios Tony después de 46 años de haber estado retirada del medio. Hay cinco actrices nominadas y aunque no pienso que ganaré esta vez, puede que me sorprenda, ya que fui elegida mejor actriz para Broadway recientemente en otra gala. Luego de los premios me dirigiré a París, ya que soy la vocera oficial de L’Orèal”.
Dentro del próximo año Jane estará rodando tres películas, una de ellas con Diane Keaton. Su futuro también incluye terminar su libro titulado The third act, entering prime time (El tercer acto, el mejor de todos) en el cual explica que el llegar a la vejez no es necesariamente empezar a rodar cuesta abajo y creo que mi vida lo demuestra, explica.
Su tercer acto
Entre visitas a las islas y buceo superficial con lobos marinos, pingüinos y tortugas, Jane se dio tiempo de socializar con sus amigos acompañantes, sus familiares y también interactuar con aquellos que estábamos envueltos en hacer su experiencia en Galápagos inolvidable.
Su blog en internet está lleno de fotos y comentarios positivos de Galápagos: “Como visitante de tu país aquí en las islas Galápagos, solo tengo que decirles que nunca he estado en un lugar como este, y solo puedo pedir que la gente de Ecuador realmente entienda el tesoro que tienen y que harán lo que sea, incluyendo poner presión en el gobierno regulador, para proteger estas islas. Muchas veces las cosas que tenemos en nuestro propio patio, por así decirlo, dejan de ser importantes; a veces se necesita de alguien de muy lejos que te diga lo especiales que son, para realmente darse cuenta de ello. Afortunadamente me llevo el grato recuerdo de ver que Ecuador ha hecho mucho por proteger este paraíso del mundo”.