Ella le canta a los pueblos mestizos, zapoteco, maya y náhuatl y al resto de las músicas regionales de México, en especial de Oaxaca. “Lila es accesible, fresca y llena de humanidad”, así la califican quienes han seguido de cerca sus melodías. O también “la Downs es infalible”, en la prensa mexicana.
Con su enorme cabellera negra y brillante –ni rastro de sus trenzas tradicionales- hasta sus pies ágiles y caprichosos, esta mestiza que canta a los trabajadores que dejan su vida atravesando “la línea” y a las mujeres zapotecas y mixtecas que cantan y bailan ante la dificultad y la tortura, siempre conmueve con su voz.
Le canta a las montañas y a las iguanas; ofrece su visión contemporánea del lado más indígena de su país natal en un constante homenaje a esas comunidades ricas en cultura y políglotas de mil idiomas que alguien daba por muertos. Profesionalidad y espíritu, una combinación explosiva que en Lila Downs (1968)) se hace patente en cada nota y en cada movimiento.
En el 2006, cuando Chavela Vargas hizo su última presentación en la ciudad de México, después de 50 años de carrera, hizo la siguiente declaración: “Yo ya me voy porque los años pasan, pero viene en lugar mío una señora llamada Lila Downs”. –“Usted no se va, siempre estará con nosotros”, respondió Lila, y le dedicó La tequilera y Qué bonito amor, canciones que dijo escuchaba cuando era niña en Oaxaca.
Chavela Vargas nació en Costa Rica y muy joven se fue a México para buscar fortuna como cantante, convirtiéndose en una de las grandes intérpretes de la música mexicana. Lila, en cambio, le ha dado la vuelta a la ranchera sin perder ni un ápice de su fuerza cultural y ha dotado de cordura y modernidad a esos sonidos mexicanos que en su reciente trabajo Ojo de Culebra enlaza prodigiosamente con ritmos fronterizos, de Nueva Orleans al forró brasileño.
Ojo de culebra es el octavo trabajo discográfico de Lila Downs y en él cuenta con la colaboración de artistas como Lamari de Chambao, Rubén Albarrán (Café Tacvba), Enrique Bunbury o Mercedes Sosa. Se trata, ha referido, del resultado de su proceso personal de transformación musical, un camino que le ha llevado a dibujar puentes que parecían imposibles entre el mundo ancestral y el contemporáneo, a base de una música que vuela por encima de los tiempos, las épocas, las lenguas y las modas, como ha descrito la directora de Músicas Modernas de L’Auditori, Judith Llimós.
El disco hace gala de una amplia variedad de estilos que se pasean entre aires balcánicos y acelerados ritmos cíngaros, o dan paso en otros temas con la dinámica del rap y los sonidos latinos.