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| Alma En El Trabajo |
| Pozos en el desierto |
Carlos Muñoz Gallardo | carlosmunoz@humane.edu.ec
Algunas situaciones laborales llevan al desánimo, a la fatiga e incluso al dolor cuando se producen situaciones de injusticia o que escapan de nuestro entendimiento y fuerzas para sobrellevarlas.
A veces pueden ser temas tan comunes como no recibir el reconocimiento por las labores realizadas. En otros casos puede ser el estrés que generan las demandas laborales por la complejidad de la labor encomendada, los tiempos extras que exigen las responsabilidades del cargo. Cualquiera de estas situaciones puede generar la sensación de aridez similar a la de estar en medio de un desierto.
Esta experiencia es descrita por el escritor Charles Cummings con mucha precisión: “Mi desierto es el área de mi vida devastada al parecer por una especie de tornado que ha dejado una tierra desértica. Todo lo que siento dentro de mí es un vacío, un monumental cansancio de todo… Está por todas partes a mi alrededor, parece estrecharse indefinidamente en la distancia, y hasta la idea de cruzarlo me parece absurda”.
Si bien es difícil encontrar un trabajo donde todo se ajuste a nuestros parámetros, la actitud con la cual asumamos esta realidad hace la diferencia. Existen casos donde la persona evade la situación que le incomoda asumiendo un rol pasivo o de víctima frente a las circunstancias difíciles del trabajo. Un análisis realista de la situación requiere analizar las causas y la gravedad del problema. De esta forma se puede distinguir aquellas tribulaciones que son fruto de nuestros egoísmos o caprichos.
Pueden darse situaciones donde la injusticia que se vive es real y se ha intentado salir de la situación de múltiples maneras. En estos casos nunca se debe evitar la censura hacia los demás, comprendiendo las limitaciones de las personas que nos rodean. Los momentos difíciles son ocasión para que nuestro esfuerzo tenga un carácter más oblativo, es decir, de ofrecimiento y generosidad de múltiples formas tales como: hacer alguna labor que nos cueste para aliviar la carga del otro, alentar al que tiene algún problema o perdonar las negligencias u ofensas.
La vivencia de la esperanza cuando todo parece oscuro permite tener una visión trascendente frente a las adversidades. “Lo que embellece al desierto es que oculta un pozo en alguna parte” (Saint Exupery, El Principito). Y cuando las fuerzas parezcan flaquear, acudir a Dios para encontrar la fortaleza necesaria como lo testimonia la vida de personas que han gastado su vida a favor de los demás: “Estoy cada día más y más comido por el trabajo… Soy con frecuencia como una roca golpeada por todos lados por las olas que suben. No queda más escapada que por arriba. Durante una hora, durante un día, dejo que las olas azoten la roca; no miro el horizonte, solo miro hacia arriba, hacia Dios”… (San Alberto Hurtado: Un fuego que arde otro fuego).
Que las fatigas de nuestro trabajo nos ofrezcan una oportunidad para enriquecernos interiormente sabiendo que en la entrega siempre hay dolor, pero cuando es debidamente llevado, también nos trae realización y una oportunidad de realizarnos en el servicio a los demás.
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