Uno de los mayores errores de la vieja dirigencia política fue no aceptar que los grandes centros financieros e industriales del mundo ya no tienen el poder de antaño, y que las exigencias razonables de un país incluso pequeño no tienen por qué derivar en represalias exageradas.
El primero que vio que hoy el Tercer Mundo dispone de un margen mucho mayor para exigir que nuestras relaciones con las potencias y los mercados internacionales sean menos subordinadas fue un grupo de campesinos y comuneros que demandó a la Chevron, ante lo cual se desplegó un apoyo de la opinión pública mundial jamás visto. El Gobierno anterior continuó esa tendencia al adoptar una postura firme ante la Oxy y otras empresas petroleras. Esta semana, el Gobierno actual avanzó en la misma línea al concluir con éxito la renegociación de un tramo de la deuda externa que representará un millonario ahorro al país.
Habrá que seguir debatiendo cómo aprovechar esta nueva situación y de qué manera invertir los recursos que se recuperen, pero como país debemos aplaudir unidos cada vez que se consigan éxitos como este que acaba de alcanzar el Gobierno actual.