sábado 13 junio Columnistas

Pablo Lucio Paredes pabloluc@uio.satnet.net

Dos ataques, el mismo fin

El Gobierno centra sus ataques en dos campos esenciales de la interacción libre de los ciudadanos, la prensa y los mercados. Ojo, digámoslo con claridad para que no floten dudas al respecto y no tengan ciertos lectores que tomarse la molestia (siempre bienvenida) de increparme que yo los idolatro: ambos, el mercado y la prensa, están llenos de defectos. Pero esa no es la manera de plantear el problema, creer que debemos compararnos contra una perfección imaginaria. Esa es la visión que nos trata de imponer el socialismo: “desde las alturas sabemos cuál es la visión positiva del mundo, y cómo el mundo real es imperfecto (sobre todo, mercado y prensa) desde esas alturas debemos corregirlo”.  No existen esas mediciones perfectas porque el mundo lo vamos construyendo, día a día, las personas y nuestras organizaciones, y el resultado social que obtenemos es la suma de nuestros esfuerzos y nuestras imperfecciones. No la visión ideal que alguien nos va trazando, sino el sendero que vamos construyendo. Entonces lo que necesitamos es un entorno que nos permita el máximo de interacciones posibles y la máxima libertad para poder escoger entre ellas. Es la única manera de que la realidad (imperfecta) refleje de la mejor manera lo que son nuestros deseos individuales y colectivos. La prensa y los mercados son eso: espacios de creatividad y libertad donde intercambiamos bienes, servicios, ideas y opiniones.

¿No hay espacio para el Estado en esa visión? Claro que sí. El Estado debe centrarse en todas las acciones que no podemos realizar solos y debemos delegarlas a representantes de la colectividad. Pero lo que no podemos permitir es que esa delegación se convierta en un mecanismo para, usando nuestros propios recursos, limitar opciones y libertades bajo el supuesto que el poder conoce mejor el sendero que debemos seguir. Por eso es inaceptable que se quiera decidir desde las alturas, qué tipo de bienes la gente debe comprar, que nuestros impuestos se dirijan a pagar a un inquisidor que evalúa el sentido de los programas de opinión, que una institución se movilice para evaluar la validez de  ‘Los Simpsons’  o intente cerrar un canal de televisión bajo los más increíbles pretextos.

No hay nada más peligroso que un Gobierno supuestamente embebido de la misión divina de salvarnos, enrumbarnos y corregirnos, que tiene todas las verdades y utiliza todos los medios para imponerlas, que de representante de los ciudadanos quiere convertirse en su guía moral.

Nota: La operación de recompra de deuda externa fue exitosa. El país se ahorra 2.000 millones de dólares… pero no nos engañemos,  no  ahorramos 7.000 millones de dólares como dice la Ministra de Finanzas, no se pueden sumar peras con manzanas, es decir dólares de hoy con dólares de aquí a 20 años. Pero  sí  nos ahorramos un monto importante. Pero, la pregunta de fondo sigue siendo: ¿por qué países como Chile o Brasil no hacen lo mismo?

¿Por ignorancia? No, porque creen que actuar responsablemente es un factor importante en el desarrollo aunque no gane aplausos fáciles.

Columnistas

Otros Columnistas

Ahora en Opinión

Editorial Éxito del país

Uno de los mayores errores de la vieja dirigencia política fue no aceptar que los grandes centros financieros e industriales del mundo ya no tienen el poder de antaño, y que las exigencias razonables de un país incluso pequeño no tienen por qué derivar en represalias exageradas.

Diseño

© Copyright 2009. Compañia Anónima EL UNIVERSO. Todos los derechos reservados.