domingo 07 junio Columnistas

Nuestro Invitado

Chamanes y ‘doras’

Fernando Coronel

Chamán: dícese de aquellos personajes con dotes especiales de brujos, sabios, hechiceros, bailarines y guías espirituales.

Doras: dícese de aquellos electrodomésticos como lavadoras, refrigeradoras, licuadoras, tostadoras y demás que los chamanes del siglo XXI consideran que los pobres del país no deberían comprar.

Resulta interesante leer cómo muy suelto de huesos en una entrevista para Diario EL UNIVERSO, el Presidente del Banco Central, uno de esos “guías espirituales” –léase chamán–  demostrando su amplia sabiduría dice que los pobres del Ecuador no necesitan y no deberían gastar su dinero en la compra de ‘doras’ (ver definición). Cuánta soberbia de alguien que ya intentó en el pasado la aplicación de sus “sabias” medidas y fracasó.

No debe sorprender, este deseo socialistoide establecido en el manual de la ideología escrito hace casi un siglo busca controlar hasta los aspectos más particulares de la vida de sus compatriotas, porque claro, se trata de un selecto grupo de hechiceros o chamanes del siglo XXI que conocen tanto de tanto que nos dicen qué debemos hacer el resto que sabemos poco de poco.

Hasta ahora todo bien, a fin de cuentas el país favoreció en las urnas a esta tendencia política que sigue negando la caída del Muro de Berlín y defiende a Cuba como democracia. El primer problema aparece cuando nos damos cuenta de que este chamán en particular ya intentó sus políticas en el pasado, lo que además lo incluye como miembro de la partidocracia. Nos dicen que purgó sus pecados partidocráticos en su bautizo revolucionario junto con otros ex miembros de la partidocracia, entre los que destacan Issa, Gagliardo, González, Andrade y demás que recibieron los santos óleos del chamán superior.

Entonces, déjeme ver un segundo si es que entiendo esto. Un chamán bautizado hace poco como revolucionario es purgado de sus pecados como miembro de la partidocracia y vuelve a ocupar un espacio de poder donde propone ideas similares a las ya fracasadas impuestas por él mismo cuyo resultado conocemos todos. Resulta que no solo son soberbias las declaraciones sobre quiénes pueden y quiénes no pueden comprar ‘doras’, sino que además van cargadas de una falta de confianza en sus compatriotas a quienes, como si esto no fuera suficiente, discrimina por su condición económica.

Somos testigos una vez más de cómo la historia se repite, ya no son los miembros del politburó soviético, sino los chamanes del siglo XXI los que pretenden decirnos cómo vivir y qué hacer con lo nuestro. Avanzamos en un camino ya conocido y si no sabemos decir basta lo antes posible, cuando nos demos cuenta será demasiado tarde y los autoproclamados guías espirituales no nos dejarán ni usar ‘doras’, peor comer mote o guatita.

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