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Edición del DOMINGO 7 de Junio del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Un Eurocine de lujo en el MAAC, clásicos expresionistas
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Metrópolis: de una joven inocente se crea un clon robótico para hipnotizar al pueblo. Rudolf Klein-Rogge como el inventor y Brigitte Helm como la joven y la robot.
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Carlos A. Ycaza | cicaza@eluniverso.com

Metrópolis, monumental película silente de Fritz Lang, abre los fuegos el miércoles con música en vivo del compositor Nelson García.

No sé todavía si el público ecuatoriano asimila la importancia de una marquesina democrática y pluralista en la exhibición de películas en el país. Las rutinarias programaciones en los malls y los bodrios de la televisión abierta solo nos meten cada vez más en un hoyo tan negro como las de las contaminaciones petroleras en nuestros paraísos naturales. Y eso agravado por las interrupciones desmedidas de los mensajes presidenciales, que nos aproximan más al mundo de las naranjas mecánicas que Stanley Kubrick vaticinó hace casi cuarenta años: una sociedad donde la saturación de las imágenes manipuladas y los sermones ideológicos impiden el libre albedrío. Entonces el cine arte puede convertirse en la ventana a un mundo verdadero y diferente de lo que vemos comprimido y reciclado en pantalla chica.

Estamos a punto de tener un nuevo Eurocine en Guayaquil, por obra y gracia de Ochoymedio en el MAAC Cine y el apoyo de instituciones culturales y embajadas de varias países europeos. Este año el menú se acerca a un 10/10, porque junto a las novedades del cine inglés, alemán, español y demás –vean la programación diaria en nuestra agenda de la sección piqueo–, hay ciclos de Dreyer, de cine musical y además un evento inusual. Se trata de Metrópolis (1926), obra maestra del director Fritz Lang, monstruo sagrado de la época de oro del cine que comenzó su carrera en Alemania en los años veinte, cuando las películas no hablaban y orquestas o pianos solitarios condimentaban la proyección. El compositor quiteño Nelson García y la banda Can Can acompañarán las imágenes en vivo el miércoles junto a la pantalla del MAAC Cine, una primicia imperdible. Lang llegó después a Hollywood huyendo de las ofertas que le hacía el propio Hitler para hacer su propaganda fascista.

Metrópolis fue un milagro de la industria cinematográfica de Berlín, producida a un costo sin precedentes en una filmación que duró más de un año, utilizando tecnologías que se descubrían durante el rodaje, con inmensos escenarios en los estudios UFA y escenas de masas que incluyeron a más de treinta mil extras. Todo para visionar un mundo del futuro que ahora resulta tan cercano como los noticiarios a las 20:00. La sociedad del futuro doblegada por un capitalismo desaforado en urbes babilónicas. Un magnate que enfrenta violentamente el idealismo humanista de su hijo y la rebelión de los obreros. A esto se incorpora también un científico maquiavélico que crea la réplica de una líder del pueblo, encarnándola en un engendro robótico para poder hipnotizar y someter a los no-creyentes. La escena del laboratorio parece haber inspirado Frankenstein años después.

Este infierno industrializado tenía mucho que ver con el autoritarismo y el control del estado hacia un pueblo que es visto por Fritz Lang como manadas de seres apocados por un big brother vaticinado mucho antes que Orwell. En su momento la película fue apreciada por sus escenas de ciencia ficción y su descabellado melodrama. Ahora cobra una doble vida: el final feliz donde capitalismo y proletariado se reconcilian por el amor del joven héroe rico (Gustav Fröhlic) y la humilde chica de la factoría (la legendaria Brigitte Helm, también actuando como la robot) es el hábil recurso dramático para que Metrópolis se revele como una fascinante alegoría del totalitarismo. Esto en la propia Berlín de los años veinte, donde ya se escuchaba la voz de Adolfo Hitler.

Ese mundo oscuro, casi abstracto de la Alemania de entonces, era plasmado por artistas de todos los ámbitos y se rompían las ataduras de la lógica. El cine se incorporaba al expresionismo. “Considero torpe ofrecer a otros pueblos lo que ellos mismos tienen”, dijo Lang años más tarde en Nueva York. “Hay que darles lo que no tienen, lo que no conocen, lo que es único, excepcional e inigualable”. Con Metrópolis este genial director avanzó el arte cinematográfico a latitudes imprevistas.


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