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Arte 
David Moscoso, naturaleza más cerca de Dios
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Los murales pintados por David Moscoso junto al altar mayor de la iglesia San José, de Quevedo.
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Texto: Moisés Pinchevsky

El joven pintor ambateño, quien hace dos años representó la esencia divina en los Andes ecuatorianos en sus murales de la catedral de Ambato, presenta su nuevo trabajo: el paisajismo costeño y delicadamente espiritual impreso en los muros de la iglesia San José, de Quevedo.

Se siente especialmente afortunado de que su trabajo esté a la vista del público masivo y no preso en los límites que imponen los centros de exposición formales. “Estoy a favor de la democratización de la cultura. El arte debe acercarse a la gente común. Las iglesias se han prestado a exhibir el arte en espacios a los que todos tienen acceso. Los museos y galerías no cumplen al 100% con la difusión artística”, indica David Moscoso (34 años), durante una reciente visita a Guayaquil.

Emite sus palabras pocas horas después de haber participado, a eso de las 07:00, en la entrega oficial de su última obra, los murales de la iglesia San José de Quevedo, un trabajo que involucró 160 m² de paisajes que buscan “rescatar la presencia de Dios en la naturaleza”, según dice.

Árboles y vegetación local se destacan en un paisajismo costero hecho en acrílico, que combina un cielo con amarillos intensos sembrados de nubes  que resplandecen con los rayos del sol que ingresan por los ventanales del templo.

Así es parte de la obra que deja en esa “galería pública” abierta en Quevedo, una ciudad que es punto vital del encuentro comercial de la Costa y la Sierra, “es parte del camino que toman los centros productores de la Sierra para exportar sus productos desde los puertos; Quevedo queda en la mitad del camino del tránsito nacional, de la actividad agrícola, de la exuberancia comercial”, señala sobre esa urbe que, por ser pequeña, tiene un encanto especial como centro para exponer el arte.

“Las grandes ciudades se encuentran alienadas; sus conceptos artísticos generalmente no guardan el carácter propio de la región, pero las ciudades pequeñas permiten brindar un carácter más auténtico”; sin embargo, auténtico no significa folclórico, “decidí no poner elementos folclóricos porque brindan una etiqueta que encasilla en términos de ‘obra latinoamericana’, deseo que mi trabajo sea sencillamente una obra de arte”, indica sobre ese mural solicitado directamente por el Alcalde de Quevedo, quien se enteró a través de la prensa nacional sobre los murales de la catedral de Ambato. “El alcalde quería algo único en su ciudad, algo que la destaque”, refiere Moscoso, mientras almuerza comida japonesa en un restaurante del San Marino Shopping Center.

De Ambato a Quevedo
Las obras de las iglesias de la capital de Tungurahua (La Revista del 4 de marzo del 2007) y la que acaba de inaugurar en Quevedo guardan similitudes.

Ambas buscan mostrar la magnificencia de la creación divina en elementos naturales imperecederos mucho más evidentes que la humanidad, la cual resulta efímera comparada con las montañas, los ríos, las cascadas y los cielos sembrados de nubes.

La obra de Ambato representó el sello telúrico de los Andes ecuatorianos, trabajo que ha logrado gran cobertura internacional: los canales de cable Discovery Channel y Travel & Living le dedicaron sendos reportajes, la edición de abril-mayo del 2007 de la revista especializada International Artist, publicada en 36 idiomas alrededor del mundo, presentó un artículo de diez páginas para explicar todo el proceso creativo, y la próxima edición de la guía de viajeros Lonely Planet, que saldrá en agosto, incluirá una nota sobre ese trabajo que tiende puentes entre el arte y el turismo. “Esa publicación ahora incluirá a artistas contemporáneos; es un reconocimiento internacional de que el arte y el turismo pueden apoyarse mutuamente”, afirma Moscoso.

Las obras de Ambato y Quevedo también apuntan a revivir los grandes proyectos de muralismo que tuvieron tanta vigencia en los años cincuenta, y que años después tuvieron a dos grandes exponentes ya desaparecidos: Gonzalo Endara y Oswaldo Guayasamín, indica el artista ambateño, quien añade que el trabajo del muralista es extenuante y requiere de una gran fortaleza física para manejarse por un promedio de nueve horas diarias pintando las delicadas formas en la dura superficie de los muros.

Para los murales de Quevedo tardó tres semanas en preparar las superficies, tras lo cual dedicó dos meses y medio imprimiendo los colores, encaramado en un sistema de andamios que por todo ese tiempo permaneció como parte del panorama cotidiano de la iglesia San José. “Solo me detenía en las horas de la misa”, explica Moscoso sobre esos paisajes que habría visto en sus recorridos por la carretera de la zona, pero que alteró en gran medida –según sus apreciaciones artísticas y creativas– “porque de eso se trata el arte, de crear”.

Rumbo a Francia
La cobertura internacional lograda por su trabajo en Ambato le permitirá enfrentar un nuevo proyecto en el exterior: pintar murales de elevaciones montañosas de Ecuador, otros países de América y de Europa en el cielo raso y muros de la catedral del distrito de Saint-Dié-des-Vosges, en el departamento  francés de Vosges, cerca de la frontera con Suiza.

Esta urbe tiene una especial conexión con el continente americano, ya que allí se imprimieron los primeros cuatro mapas donde este continente ya es llamado América. “En el año 2007 se celebraron los 500 años de la impresión de esos mapas, y fui invitado a presentar el proyecto para pintar los cielos rasos de esa catedral”, indica sobre esa iglesia construida en el siglo XIV, por lo que es considerada un importante patrimonio histórico y cultural de Francia.

“El proyecto toma su tiempo porque la catedral es un edificio religioso patrimoniado. Por eso, antes de cualquier intervención, deben hacerse los estudios pertinentes sobre el estado de la superficie de los techos, para ver si son aptos para ser intervenidos con murales en primera instancia; de allí se buscará la aprobación de presupuestos y bocetos. Pero por lo pronto el arquitecto en jefe de patrimonio artístico ya dio su venia para que yo, que no soy francés ni europeo, me encargue este gran proyecto”.

Ese detalle, en un inicio, era un fuerte obstáculo que debía salvar, pero los resultados obtenidos en la catedral de Ambato y su repercusión mundial han doblegado este problema de nacionalidad, indica Moscoso, quien confía que en pocos meses pueda montar en Francia una nueva “galería pública” que muestre, en su obra artística, la presencia de Dios que habla en la naturaleza.


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