Edición del VIERNES 5 de Junio del 2009
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El motor de la nueva generación
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lacristigye@yahoo.com

Cuando yo era chica, o mejor dicho adolescente, las madres tenían un  calificativo para todo joven que se comporte diferente al resto. 

Que si hablaba mucho, era drogadicto; que si era callado, era drogadicto; que si se vestía diferente, era drogadicto; que si hablaba con vocabulario distinto al de uno, era drogadicto; que si era nuevo en el grupo, ¡probablemente era drogadicto!

Gracias al cielo, los tiempos han cambiado y hoy en día se entiende que los pelados sean diferentes unos de otros, que tengan estilos propios. Aunque no sean tan agradables a la vista, esto no es necesariamente algo negativo.  Lo que en lo personal me llama la atención de los nuevos dieciochoañeros es su ritmo para desenvolverse.

¿A qué me refiero?  Son extremadamente lentos, siempre tienen sueño, les pesan los pies, su ropa suele estar arrugada y los pelos como mal peinados. Hasta las chicas que se peinan lo hacen con look de mal peinada.  En mi época las vinchas invisibles se las usaban para que no se vean, escondiditas.  Hoy en cambio, las mismas vinchas las usan a vista de todos y como para acentuar la facha de desganadas.

Lo cierto es que estos seres a los que describo tienen su remedio para vivir, su motor. No es el café, ni la Coca Cola que todos conocemos,  son las afamadas bebidas energizantes. Hay varias marcas y las venden en todos lados, los pelados las toman en la mañana, como para despertarse; antes del examen, para estar pilas; a media tarde, como para ponerse en algo; en la noche, para no dormirse; en la disco, con vodka o whisky, para animarse; ¡la toman todo el día y con todo!

Hice un pequeño sondeo, y encontré que en varias universidades han tenido ‘incidentes’ por la bebida, también en discotecas. Ojo que el producto no es malo, pero como todo en la vida, el exceso causa estragos. Mi punto en todo esto no es quejarme del producto, es solo que no deja de sorprenderme como una generación que tiene tantas cosas para estar estimulada: iPods, celulares supersónicos, video juegos, libertad de vestuario, ideas, preferencias y demás, necesita de una bebida para tener ganas de hacer las cosas.

El motor de ellos no son las ganas de hacer algo, o la curiosidad de encontrar o generar cosas. El motor viene siendo una cosa más que se compra, que tiene envase, marca, precio establecido y que es optativo el consumo, pero extremadamente necesario. ¿Será que en algún descuido nuestro les hicieron algún tipo de lobotomía? ¿O será que los 18 años no son tan significativos como uno los recuerda?


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