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El arte que mueve Miami
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Bhakti Baxter, artista argentino radicado en Miami.
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Wynwood Art District

Texto: Susana Cárdenas Overstall, desde Miami

Miami no solo es la capital de los shopping malls. En su renovado Design District se concentran nuevas generaciones de artistas, además de restaurantes muy de moda.

¿Tendrá Miami una escena de arte? Me pregunté cuando arreglaba maletas para viajar a Sudamérica y detenerme a visitar a las amigas que viven en la ciudad del sol. Acostumbrada a la desafiante movida de Hoxton (Londres) y a la rica y estimulante oferta cultural que ofrece la capital británica pisé territorio americano un tanto escéptica. Según la opinión de mi colega de Harpers Bazaar, Miami estaba cambiando y con la feria Art Basel Miami Beach el arte había evolucionado. Y pensé: ¿Cómo podía quitar el estigma de la ciudad de los shopping malls, de los pechos de silicona y de las mansiones al estilo de la película Scarface? Sin más cuestionamientos me embarqué a comprobar que el cambio había llegado. La piel blanquecina, producto de seis meses bajo capas de ropa para soportar el invierno europeo, no lucía sexy en la cálida urbe. Y los zapatos al suelo tipo francés se veían  pueriles al lado de los tacones dorados de las chicas en las calles.
 
Ya poco habituada a movilizarme en coche llegamos al Design District, el hogar de 130 galerías, estudios e incubadoras de arte. La bienvenida nos la da Thomas Hollingworth, inglés, circunspecto, crítico de arte que había abandonado la movida Brit y se había radicado en Miami para fundar Artlurker, un website de la industria. Dentro de viejas bodegas construidas en el auge de los años treinta y el movimiento Art Deco, separados por paredes casi laberínticas yacían los estudios de varios artistas. Jason Hedge, un amante de la comida y de la historia, expresa en sus cuadros una variedad de delicadas y buenas costumbres que giran alrededor de la cocina. “Recientemente había creado un asador tríptico en el cual horneó tres corderos. Su arte amenaza la fina línea entre las reglas de urbanidad y la condición humana”, explica Hollingworth.

En el siguiente espacio, Bhakti Baxter exhibe un retrato en sepia de una mujer. –Es mi abuela– expresa.  Él utiliza resina de poliéster, óleo y piezas esculturales para explorar formas de la naturaleza, divinidades espirituales y personajes de su vida. A este joven de origen argentino lo representa la galería parisina Emmanuel Perrotin, y creo recordar su trabajo expuesto hace un par de años en Frieze Art de Londres.

Al doblar la calle llegamos al espacio compartido por otro grupo de artistas. Sorprende una puerta abierta con una entrada de vidrio negro sobre una pared blanca. Pareciera que fuera el acceso a otro estudio, pero no, es la obra de Leyden Rodríguez-Casanova. El trabajo de Leyden indaga objetos domésticos, clichés suburbanos y las labores asociadas. “Soy un marielito”, afirma este artista cubano que emigró con sus padres a los Estados Unidos en uno de los barcos que partieron desde el puerto cubano de Mariel en 1980. A Leydon lo representa la galería David Castillo (en Wynwood District); su obra ha sido expuesta en Art Basel, Suiza, y una de sus piezas es parte de la colección permanente de la Fundación Cisneros Fontanals.

Una fotografía de una habitación destruida, iluminación lúgubre, una maraña de luces y guitarras eléctricas es el trabajo de Emotional Response Can Be Deconditioned, de Federico Messi. “Fue un performance que cuestionó la posibilidad de los individuos de controlar las emociones”, explica el artista. Federico trabaja con fotografía, video, escultura y presentaciones en vivo. Forma parte de la música underground Psychic Youth y exhibe en Spinello Gallery.

Muchas cosas parecen suceder en el Design District. Tiendas de diseño y muebles, boutiques de diseñadores independientes y restaurantes se fusionan con las galerías y los artistas.  Pero según Olvier Sánchez, artista cubano-americano, estos signos son nuevos. “En los años setenta la escena artística de Miami estaba muerta. De aquí nos mudamos muchos artistas al East Village (NYC) porque no pasaba nada. Ahora vivimos un despertar del arte que reventó hace seis años”, dice. Hace ocho años llegó la feria Art Basel a Miami y con ella arribaron connoisseurs, coleccionistas, espectadores a comprar lo que la feria suiza había traído. La emoción se derramó en el Design District, antes llamado Buena Vista, una zona que en los años veinte acogió importantes almacenes de muebles y objetos de diseño; Moore’s Furniture Company (fundada en 1921) fue el más representativo. En los años treinta Moore’s se alió con interioristas para decorar las pudientes residencias de Miami; entonces el barrio cambió de nombre a Design District. Con el surgimiento del concepto y la creación de centros comerciales vino el declive de la zona. Ya en los años ochenta fue olvidada por completo, más aún con el redescubrimiento de South Beach y el Art Deco. Sin embargo, al inicio de los años noventa un empresario de bienes raíces y coleccionista de arte llamado Craig Robens compró los edificios del Design District con la intención de convertir  la zona en el East Village de Miami. “Craig Robins nos ha dado una maravillosa oportunidad de tener un estudio donde poder desarrollar mejor nuestro trabajo y fomentar un lugar donde podamos invitar a otros artistas, coleccionistas y curadores para ver nuestra obra (aparte de las galerías y museos) de una forma más íntima”, explica Leyden Rodríguez-Casanova.

La fórmula de regenerar barrios que han estado capa caída y ceder los espacios gratuitos a artistas para que produzcan su obra y estimulen la zona parece funcionar. Los artistas  a la vez de dar ese caché y aire trendy atraen otro tipo de negocios que revitalizan la zona, ingredientes que necesita la industria de la cultura contemporánea para triunfar. “Andy Warhol comprendió y unificó su obra y Factory; entendió que la moda, el arte, el cine, la música no residen en esferas separadas; que, por el contrario, están comprometidas a compartir ideas y fuentes a través del espectro creativo. Warhol captó el significado de los espacios sociales en donde estas industrias y su gente interactuaban. Factory fusionó la producción cultural con la escena social y demostró que esa escena social era un instrumento necesario para generar valor económico a aquellos que participaban en ella”, explica Elizabeth Currid en su libro The Warhol Economy.

Si la receta de Warhol funcionó en el East Village, (Nueva York), Hoxton (Londres), Prenzlauer Berg (Berlín), parece que empieza a bullir con el éxito en el Distric Design en Miami. La presencia de instituciones como la Fundación Cisneros-Fontanals, The Rubell Collection y la existencia de Art Basel Miami Beach contribuyen al despertar del arte en la urbe. Quizás faltarán unos años para que se borre el antiguo membrete de ‘solo shopping’ y se consolide una nueva definición que ubique a Miami en el mapa del circuito de arte contemporáneo del mundo.


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