ARGENTINA |
La Argentina es un galimatías indescifrable para Mario Vargas Llosa. Se lo dijo a Ceferino Reato en una entrevista que publica el diario Perfil del sábado pasado. “¿Cómo se puede entender el caso de la Argentina? Un país que era democrático cuando tres partes de Europa no lo eran; un país que era uno de los más prósperos de la tierra cuando América Latina era un continente de hambrientos, de atrasados. El primer país del mundo que acabó con el analfabetismo no fue Estados Unidos, no fue Francia, fue la Argentina con un sistema educativo que era un ejemplo para todo el mundo y que constituía un instrumento extraordinario de creación de igualdad de oportunidades para todos los ciudadanos. Ese país, que era un país de vanguardia, ¿cómo puede ser que sea el país empobrecido, caótico, subdesarrollado que es hoy? ¿Qué pasó? ¿Alguien lo invadió? ¿Estuvieron enfrascados en alguna guerra terrible?”. Aclaro que la entrevista fue realizada en Caracas durante la reunión a la que el Gobierno bolivariano de Venezuela estuvo a punto de dejar sin la presencia del invitado de honor: lo retuvieron en el aeropuerto de Caracas durante casi dos horas, le confiscaron el pasaporte y le advirtieron que si hacía declaraciones contra el gobierno de Chávez podría ser expulsado del país. “En ningún lugar del mundo aceptaría esas restricciones y menos en la tierra del Libertador Simón Bolívar” les contestó el autor de La fiesta del Chivo, que como buen literato se le escapan las hipérboles cuando valora en el pasado las fortalezas y debilidades argentinas y americanas.
Ya se sabe que la autoflagelación es el deporte más practicado en la Argentina, pero para estas terribles preguntas de don Mario tiene que haber otra respuesta que no sea darnos con un canto en los dientes. Claro que lo que nos pasa es culpa nuestra, pero con eso no nos alcanza. Tampoco sirve echársela al imperialismo, a la sinarquía internacional o al envenenamiento del agua del mate, como suelen querer los eternos conspiradores. Y yo no estoy para buscarla ahora, justo ahora, que es tiempo de mirar al futuro y dejar de buscar culpables de los males que nos aquejan. Pero hace tiempo que ensayo una explicación para mis amigos que –como Vargas Llosa– se quedan perplejos ante tamaña mala suerte colectiva.
He escrito más de una vez en este mismo periódico que la Argentina está como entrampada en el ojo de un huracán que la lleva de mal en peor. Hace 60 años que cada nuevo gobierno tiene que ser cada vez más audaz para atreverse a lidiar con un país fregado por el anterior. Y se han sucedido en el poder, de mejor a peor, temerarios navegantes del caos, desvergonzados pilotos de tormentas y hasta cínicos caminantes de cornisas.
A Vargas Llosa le contestó una semana antes Mariano Grondona desde su columna de La Nación, de Buenos Aires: “A lo largo de sus doscientos años de historia, la Argentina conoció tres instancias en las cuales todo el poder se concentró en un solo hombre: entre 1829 y 1852, Juan Manuel de Rosas; entre 1945 y 1955, Juan Domingo Perón; y, de 2003 hasta ahora, Néstor Kirchner. La Argentina que sobrevivió a Rosas fue un éxito tan largo como extraordinario, porque nos dio un sistema político republicano y, finalmente, democrático y un desarrollo económico sin par hasta su insensata interrupción en el golpe militar de 1930, nada menos que 78 años después” (el progreso que asombra a don Mario).
“La Argentina que sobrevivió a Perón fue, al contrario, un fracaso cuyas sombras se han prolongado hasta ahora. ¿Por qué este dramático contraste? Porque después de Rosas vino un proceso que dio a luz un nuevo proyecto nacional, encarnado en una nueva Constitución, mientras lo que vino después de Perón fue apenas la breve e incierta prolongación del antiperonismo, cuyo ciclo el propio Perón se encargaría de cerrar en 1973, cuando intentó enterrar sin conseguirlo el odio entre los argentinos que había resucitado en los fatídicos años setenta, con los montoneros en una trinchera y los militares en la otra”. Y se pregunta al final Grondona si después del previsible ocaso de Kirchner, daremos nacimiento a un poskirchnerismo que sea apenas una prolongación del antikirchnerismo o acometeremos la epopeya de lanzar un nuevo sistema que brinde a la Argentina una larga etapa de éxito institucional y económico comparable a la que siguió a Rosas.
Como siempre, don Mario, las crisis traen más oportunidades que las épocas de bonanza. Y todo depende de nosotros y de nuestra capacidad para dar vuelta la tortilla cuando estamos ahí abajo, en el fondo del pozo, que es donde se ponen los cimientos de cualquier proyecto.