Miércoles 03 de junio del 2009 Familia

Mujeres contra mujeres

The New York Times

Gritos, intrigas y sabotajes: Todos son signos reveladores de que hay un pendenciero (propenso a riñas) en el trabajo tendiendo trampas a los empleados a cada paso.

Durante esta depresión, a medida que se elevan los niveles de estrés del lugar de trabajo, dicen investigadores, es probable que los pendencieros refuercen sus tácticas e intensifiquen sus ataques.

Probablemente, no es una sorpresa que la mayoría de estos peleadores sean hombres, como pone en claro un sondeo del Instituto sobre intimidación en el lugar de trabajo, un grupo activista. Pero un buen 40% de los pendencieros son mujeres. Y al menos los pendencieros varones adoptan un enfoque igualitario, atacando a ellos y ellas en la misma medida. Las mujeres prefieren a las de su propio género, eligiendo a otras como blancos, más del 70%  de las veces.

¿Qué está ocurriendo aquí? Simplemente el mencionar que mujeres tratan mal a otras mujeres en el trabajo parece sacudir al movimiento feminista hasta su núcleo. ¿Cómo pueden las mujeres superar los obstáculos si están eludiendo golpes verbales de otras mujeres en cubículos, pasillos y salas de conferencias?

“A las mujeres no les gusta hablar sobre esto porque es demasiado antitético (opuesto) a la forma en que, se supone, debemos comportarnos con otras mujeres”, refirió Peggy Klaus, coach de ejecutivos en Berkeley, California. “Se supone que nos cuidemos y apoyemos unas a otras”, agrega.

Si se les pregunta a ellas sobre las confrontaciones con otras mujeres en el trabajo, algunas señalarán que hombres y mujeres  pueden comportarse mal. Otras asentirán en reconocimiento instantáneo y relatarán ejemplos de cómo mujeres –más que los hombres– las han tratado mal.

“He sido saboteada tantas veces en el lugar de trabajo por otras mujeres que finalmente dejé el mundo corporativo e inicié mi propio negocio”, dijo Roxy Westphal, que dirige la compañía de productos promocionales Roxy Ventures Inc. en Scottsdale, Arizona. Aún recuerda el escozor de una entrevista que tuvo con una mujer hace 30 años, que “se convirtió en un escuadrón de fusilamiento de una sola persona” y que la hizo salir del edificio llorando.

Jean Kondek, que recientemente se retiró después de una carrera de 30 años en publicidad, recordó su ira cuando una administradora en una pequeña agencia convocó a una reunión para criticarla en frente de los compañeros de trabajo por no seguir el procedimiento de la agencia en una emergencia de un cliente.

Pero Kondek dijo que ella tuvo la última palabra. “Dije: ¿Podrían irse todos? Y luego le dije a ella: Esta no es la manera de manejar eso”. Muchas mujeres que siguen en la fuerza laboral titubearon en hablar públicamente por temor a empeorar las cosas o poner en peligro sus carreras.

Una razón de que las mujeres elijan a otras mujeres como blanco “es probablemente alguna idea de que pueden encontrar a una persona menos inclinada a la confrontación o a alguien que es menos probable que responda a la agresión con agresión”, dijo Gary Namie, director de investigación del Instituto sobre intimidación en el lugar de trabajo, que ordenó el estudio en el 2007.

Pero otra dinámica pudiera entrar en juego. Después de cinco décadas de luchar por la igualdad, las mujeres conforman más del 50 por ciento de las ocupaciones administrativas, profesionales y relacionadas, dice Catalyst, del Grupo de investigación sin fines de lucro. Y sin embargo, según encontró en su censo del 2008, solo 15,7%  de los ejecutivos de Fortune 500 y 15,2% de los directores eran mujeres.

Los especialistas en liderazgo se preguntan: ¿las mujeres están siendo excesivamente agresivas porque hay muy pocas oportunidades de avance? ¿O esto es estereotipar y las mujeres son solo percibidas como excesivamente agresivas? ¿Hay un doble estándar en práctica?  Una  investigación sobre estereotipos de género realizada por Catalyst sugiere que no importa cómo las mujeres elijan dirigir, se les percibe como nunca lo bastante bien. Es más, encontró el grupo, las mujeres deben trabajar dos veces más duro que los hombres para alcanzar el mismo nivel de reconocimiento y probar que pueden dirigir.

“Si las lideres empresariales actúan consistentemente con los estereotipos de género, se les considera demasiado blandas”, encontró el grupo en un estudio del 2007.  Pero, “si  van contra los estereotipos de género, se les considera demasiado duras”, reveló.

A las mujeres no les gusta hablar sobre esto porque es demasiado antitético (opuesto) a la forma en que se supone que debemos comportarnos con otras mujeres”.
Peggy Klaus,
Ejecutiva

He sido saboteada tantas veces en el lugar de trabajo por otras mujeres que finalmente dejé el mundo corporativo e inicié mi propio negocio”.
Roxy Westphal,
Empresaria

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