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Edición del DOMINGO 31 de Mayo del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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II Festival de Música Italiana, el pianista que nos trajo a Nino Rota
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Giuseppe Albanese: "Para mí la música es el último refugio ante la adversidad".
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Carlos A. Ycaza | cicaza@eluniverso.com

Giuseppe Albanese a los 30 años es un reconocido virtuoso en una vocación artística que le ha significado importantes reconocimientos en Europa y América.

“Los que hacen música somos un poco chiflados”, dice Giuseppe Albanese, “estamos obligados a aprender una obra, a tocarla bien, evitando cualquier distracción y perseverando hasta que otros se dan por vencidos". Aparte de su franqueza natural, este jovial pianista italiano nacido en Reggio Calabria nos ha dejado una experiencia artística imborrable. Desde su recital en el Club de la Unión la semana pasada –allí fue ovacionado por sus interpretaciones de Beethoven, Chopin y Liszt– hasta una noche memorable en el Centro Cívico junto a la Orquesta Sinfónica de Guayaquil, donde interpretó gloriosamente el Concierto Nº 1 en Do Mayor de Nino Rota, Albanese posee ese toque indescifrable del artista-prodigio que nos conecta a mundos inalcanzables.

Nino Rota no tiene nada de misterioso para los cinéfilos. Nadie puede olvidar su tema de El Padrino o la balada de amor de Romeo y Julieta en la versión de Franco Zefirelli. O El Gatopardo de Visconti. Y muchas más. Pero en mi caso, la cosa es más seria. Rota fue el compositor de Federico Fellini hasta la muerte del músico en 1979. Acompañado de sus acordes descubrí una faceta de la creación cinematográfica que va estrechamente ligada a lo que los grandes maestros de la música se acercan: infiltrarse en el espíritu de los seres humanos y marcar sus vidas. Un 'antes y después'.

"Ese concierto de Rota me cayó de sorpresa", dice el pianista. "Cuando tenía 20 años, un profesor me ofreció tocar el concierto en el Festival Internacional de Colmar, con la Orquesta de la Suiza Italiana, bajo la dirección de Alain Lombard, director de orquesta de la Ópera de París. La solista invitada había cancelado su participación y me dieron solo cinco días para prepararme". Giuseppe se encerró en su casa por tres días en el calor infernal del verano de Calabria. “Me pasaba en calzoncillos”, recalca, estudiando y memorizando la obra, casi sin dormir mientras su madre le llevaba la comida. El concierto resultó un éxito a pesar de que el artista no entendió lo que estaba en juego. Lombard le reveló después que tenía otro programa preparado si él no estaba a la altura de  las complejas exigencias de la creación de Rota.

También ganó el prestigioso Premio Venecia, el mejor remunerado de Europa, y él donó parte del premio para la restauración del histórico Teatro La Fenice de esa ciudad, que se había quemado años antes. Los miembros de la organización lo convocaron después para que sea parte del jurado en otra ocasión. "Fui el más joven de todos los jurados en la historia del Premio", dice Giuseppe con una sonrisa de orgullo. Este año tuvo su cuarta aparición en el Teatro di San Carlo de Nápoles, el escenario de ópera más antiguo de Europa; además tocó hace pocas semanas para el conocido conductor Lorin Maazel, quien fue director de la Filarmónica de Nueva York.

Muchos en el auditorio del Club de la Unión estaban con la piel de gallina, especialmente durante la Appassionata de Beethoven y en el gran final, con su formidable interpretación de las Variaciones de Rossini de Franz Liszt. La fuerza ilimitada, centrífuga de la música que este joven virtuoso sacaba del piano, parecía al borde de una erupción volcánica. En Woodstock, el sensacional Jimmy Hendrix literalmente prendía fuego a su guitarra eléctrica. Albanese lo hacía con sus dedos y la pasión musical de Liszt retumbaba en el salón. "Para mí la música es el último refugio ante la adversidad", dice. "Si nuestros seres queridos se alejan, nos dejan, nos traicionan o mueren, uno se queda solo. Yo siempre tendré la música, mi piano, para acompañarme".


Sigue el II Festival de Música Italiana: más de Nino Rota con su Concierto Soirée para Piano y Orquesta, esta vez a cargo del pianista Andrea Bacchetti y la Orquesta Sinfónica de Guayaquil, conducida por Davit Harutyunyan el martes a las 19:30 en el Centro Cívico. Entrada gratis.


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