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Edición del DOMINGO 31 de Mayo del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Memorias en el equipaje
Olga Doumet, el encanto de Marruecos
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Olga Doumet junto a una ventana pintada con motivos locales en el Palacio de la Bahía.
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En el 2006,  la diseñadora de modas guayaquileña Olga Doumet viajó a Marrakech, capital turística de Marruecos, con su esposo, Alfredo Dassum.

“Nos impresionó el hotel en el que nos hospedamos, el famoso La Mamounia, una edificación del siglo XVIII con jardines y cultivos de olivos. Fue el lugar donde el príncipe Moulay Mamoun efectuaba suntuosas y legendarias recepciones a sus invitados. Así, luego de doscientos años, la hospitalidad marroquí es representada en este hotel que fue renovado en los años 1920 y 1930 con estilo Art Deco, convirtiéndose en sitio de encuentro de personalidades como Winston Churchill”, señala sobre ese atractivo del norte de África.

Al recorrer Marrakech, la pareja visitó la emblemática plaza Jamaa El Fna, los palacios de la Bahía y Badia, que eran antiguas residencias oficiales de la familia real, la mezquita Ben Youssef y la torre Koutoubia, la cual por su altura se aprecia de todos los puntos de la ciudad, los Jardines de l’Agdal y el emblemático Jardín Majorelle, “sitio donde el famoso diseñador Yves Saint Laurent tuvo su residencia de verano y creó el famoso color azul majorelle en homenaje al tono azulado característico de este destino”, indica.

Los más famosos mercados, o Souks como se les llama localmente, son Al Maazi, Assabbaghine y el Azzarbia, en donde los turistas se agitan comprando. “El regatee es una norma y parte de la idiosincrasia local. Los comerciantes esperan que el turista regatee y pelee por un descuento”, agrega Olga, quien descubrió dentro de Medina (sector antiguo y amurallado) los Riads, pequeños y magníficos hoteles boutique donde “la excelencia en la hospitalidad, el servicio y la atención es bien lograda en estas antiguas y renovadas residencias por precios muy convenientes para el turista”.

Su gusto por el diseño le hizo admirar particularmente los bordados en hilos elaborados a mano sobre prendas como los kaftans (túnicas), tanto femeninas como masculinas, y los trabajos de las tejedurías de alfombras y tapices por su calidad y diseño. Además, “el colorido de la cerámica muchas veces pintada a mano en tonos multicolores”.

“La hospitalidad, arquitectura, comida y calidez del pueblo marroquí hicieron de este viaje uno de los más inolvidables para nosotros”.


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