La Revista - Logo
Edición del DOMINGO 31 de Mayo del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
::::::::: M E N Ú ::::::::::
    Portada
    Sociedad
    Piqueo de la semana
    Consultorio
    Lo Nuevo
    Dr. Tecno
    BBC Mundo
    Columnistas
    Gente de cine
    Cuerpo y Alma
    Destino
    Moda
    Arte
    Gastronomía
    Libros
    Orientación
    Salud
    Arquitectura
    De Cine y Del Resto
    Show
    Cocina de Patricia
Salud 
Tecnología asistencial
ampliar imagen ampliar imagen

David Werner supervisa la construcción de un verticalizador de apoyo para discapacitados.
Imprimir esta noticia Enviar noticia por e-mail
Relacionados
Su trabajo

David Werner, autor de textos para mejorar la condición de vida de los discapacitados en todo el mundo, estuvo en la universidad Casa Grande para dictar el taller ‘Diseño y Construcción de Ayudas Técnicas’.

¿Alguna vez ha visto a un niño o adolescente discapacitado mal sentado en su silla de ruedas, con su cabeza o espalda arqueada hacia adelante, porque no lo mantienen recto? Seguro que sí. Pero, probablemente a los que nunca ha observado son a los que viven en un cerro donde sus calles polvorosas y empedradas hace muy difícil que se movilicen en sus sillas de ruedas o muletas, por lo que sus padres prefieren mantenerlos en casa.

Sin embargo, lo bueno es que recientemente estuvo en Guayaquil, en la universidad Casa Grande, el biólogo y ecólogo estadounidense David Werner para dictar el taller ‘Diseño y Construcción de Ayudas Técnicas’. Aquí los asistentes, entre ellos, médicos, terapeutas físicos u otras personas que trabajan con niños con discapacidad aprendieron cómo crear equipos o artículos sencillos, con materiales locales económicos, para ayudarlos a  mejorar su condición de salud.

Según Werner ha recorrido 70 países desde hace 44 años para enseñar en distintos talleres cómo mejorar la vida de los discapacitados y siempre ha involucrado a sus familias en el desarrollo de los programas de rehabilitación a nivel de la comunidad. Dice que por su propia discapacidad, una atrofia muscular progresiva que apareció en su niñez y el usar aparatos ortopédicos, ha hecho que tales familias tengan confianza en sus recomendaciones en relación al cuidado de sus hijos afectados.

También menciona que, muchas veces, los discapacitados no consiguen los accesorios adecuados para poder movilizarse, funcionar bien, sentarse o aprender a controlar su cuerpo principalmente por su pobreza. “Ellos quedan aislados sin ninguna atención y ayuda”.

Metas del aprendizaje
Werner refiere que del taller que dictó en Casa Grande hay dos metas que se deben cumplir. Una, que se desmitifique el proceso de crear ayudas técnicas sencillas para los niños. “Mucha gente cree que no van a poder elaborarlas y que tienen que ser expertos; la otra, es que los que trabajan con niños discapacitados deben aprender a tratarlos como compañeros en la búsqueda de soluciones”. Agrega que demasiadas veces no los incluyen en el proceso de soluciones y no escuchan lo que ellos quieren, y la idea es esa, escuchar.

“Visité a ocho niños discapacitados en Bastión Popular y ninguno tenía una silla de ruedas adecuada para su tamaño. Eran muy grandes, costosas y con muchos ajustes que la familia no sabía cómo manejar, peor en un cerro donde hay muchos escalones”, dice Werner.

Para los niños cuyas sillas de ruedas son de adultos, se les puede adaptar asientos de cartón (parecidos al plywood), que se forran, pintan y quedan macizos, así están cómodos.

Y en el caso de los niños que sufren de parálisis cerebral  y están flácidos sin poder enderezar el cuerpo, es necesario inclinar el asiento un poco para adelante, eso los ayuda a agarrar tono muscular para que levanten la cabeza. Incluso, a veces, deben tener un cinturón para sujetar al niño en buena posición y mantener recta su espalda.

“Esta tecnología casi no se usa en Ecuador, pero está muy desarrollada en muchos lugares como África, Colombia, entre otros”.

En realidad, agrega Werner, hay muchos trucos que se pueden hacer para mejorar la vida de los discapacitados. Lo importante es que los terapeutas o quienes los atiendan siempre se preocupen por hacerles las correcciones necesarias y, además, que los padres no sobreprotejan a sus hijos.

“Muchos tienen miedo de mandarlos hasta la escuela, pero deben concienciar que sus hijos pueden lograr metas. Por eso me gusta que las personas que trabajan con discapacitados también lo sean, porque sirven de modelo a seguir, ya que si han logrado hacer algo con sus vidas, los pequeños también pueden conseguirlo”, dice Werner.


© Derechos Reservados 2004 Compañía Anónima EL UNIVERSO. Todos los Derechos Reservados