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Edición del DOMINGO 31 de Mayo del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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El niño frente al abuso sexual
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Dr. Lenin E. Salmon | lsalmon@gye.satnet.net

El desarrollo sexual de un niño está marcado por hitos alcanzados mediante la exploración y la experimentación, comenzando con el descubrimiento de su propio cuerpo y su funcionamiento.

Luego el niño establecerá la diferencia entre su cuerpo y el de los demás. Más adelante, con la intervención de sus padres, la interacción con otros niños será reglamentada de acuerdo a lo más conveniente conforme a su realidad: habrá juegos permitidos y no permitidos, lugares aprobados y no aprobados, amistades aceptadas y no aceptadas. Las dudas, cuestionamientos y temores serán resueltas por los padres o guardianes. Lo normal es que el niño vaya teniendo exposición a situaciones cada vez más complejas en la medida en que por su edad y experiencia pueda comportarse y reaccionar adecuadamente.

Este proceso natural se interrumpe o se destruye cuando el niño es víctima de abuso sexual (acción sexual impuesta por una persona mayor, pudiendo ser de tipo físico, verbal, visual, etcétera).  De allí en adelante el niño estará incompleto, no dispondrá de las mismas garantías ni herramientas originales (comenzando por su inocencia, ya perdida) para recorrer con éxito su camino. Para un considerable porcentaje de estas personas la vida sexual se atrofia o hipertrofia, se distorsiona o se muere. Y en la mayoría de los casos la tragedia ocurre dentro del hogar.

El niño (o niña) está expuesto a ser víctima de este tipo de abuso prácticamente desde el comienzo de su vida, y por parte de las personas más cercanas (mientras más cercano el parentesco, más alta la probabilidad, así de grave). La edad de más riesgo es entre 7 y 10 años, y el daño puede provenir de adultos, pero también de adolescentes u otros niños (se considera abuso si el otro niño es por lo menos dos años mayor que el afectado). Se ha llegado a establecer que el 15% de los niños y el 25% de las niñas han sufrido abuso sexual antes de cumplir los 18 años, el 20% de ellos antes de los ocho años. Así mismo, el 80% de las mujeres discapacitadas serán abusadas a lo largo de su vida. En 9 de cada 10 casos el abusador es de sexo masculino; de ellos, el 70% fueron abusados cuando niños, y en casi la totalidad de los casos ninguno tuvo cercanía emocional con su propio padre. Por lo general no son hechos aislados: se ha llegado a establecer que una relación incestuosa dura un promedio de siete años, y tres de cada cuatro madres nunca se dieron cuenta o rechazaron de plano la denuncia de sus hijas.

Típicamente el abuso se da porque el niño está familiarizado con el agresor, quien gradualmente lo inducirá con juegos, halagos, regalos, o estimulando su natural curiosidad. Luego lo intimidará con amenazas de que él también es culpable, o lo convencerá de que no le van a creer (esta es la principal razón por la que un niño no denuncia la agresión), o que va a hacer sufrir a sus padres, o que será responsable del castigo que le impongan al agresor. La manipulación de la inocencia y los sentimientos del niño es otro daño grave a su desarrollo emocional. Es improbable que un niño mienta al denunciar un hecho de esta clase, ya que el tema en sí es difícil de explicar y, por lo general, piensa que también va a ser castigado.

Las consecuencias a largo plazo son incalculables (precocidad sexual en muchas niñas, represión sexual en muchos niños al crecer, asociación de culpa con el placer sexual, baja autoestima, ansiedad, depresión, hostilidad y dificultad en mantener relaciones cercanas, entre las más frecuentes). Por esta razón, todo lo que pueda hacerse para prevenir este crimen está permitido, y la herramienta más eficaz es la información y la comunicación entre madre e hijos. También se debe estar alerta a cambios en el comportamiento de los niños, actitudes depresivas, o agresivas, súbitas caídas de notas, temor a ir a clases, o a la casa de un amigo o pariente específico, etcétera. No hay que dejarle espacio a la duda. La madre no debe escatimar recursos a ser utilizados por los niños, desde salir corriendo o hacer un escándalo hasta defenderse físicamente a la primera señal de que algo de esta naturaleza está por sucederle, provenga de quién provenga, sin excepción. La madre debe ser explícitamente gráfica al enseñarle al niño cuáles conductas son dignas de sospecha, y recalcarle que jamás será castigado por decir la verdad.


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