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Edición del DOMINGO 31 de Mayo del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Los Cántaros, una historia de amor
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Tiradito de corvina en salsa de ají amarillo (i), conchitas a la chalaca (c) y tiradito de pulpo al olivo.
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Texto: Epicuro | epicuro@eluniverso.com

Los descubrimos hace un mes en las páginas de La Revista.

Grace Mendoza  y Percy Galdo trabajaron juntos en un Hotel Sheraton  de Perú, lo que ofrece la garantía de una buena formación hotelera. Cuando Grace decidió viajar a Guayaquil,  Percy no pudo aceptar la separación y de la misma forma alistó maletas  y se vino para acá. No se arrepintieron para nada al haber tomado esta decisión.

De Piura trajeron un toque especial de aliño en sus manjares, manejan muy bien sus relaciones públicas, reciben con amabilidad, se muestran atentos y aceptan las sugerencias.

Pusieron un restaurante en V. E. Estrada 602 y Las Monjas. Escogieron como nombre Los Cántaros,  llevan un año laborando, el negocio anda viento en popa. El ambiente es agradable,  luminoso, de decoración sobria, sin dejar de ser cálida.

Percy está en la cocina (moderna, limpia), dirige la parte gastronómica. Su carta es amplia, contempla entradas frías,  calientes, pescados, mariscos, carnes, aves, postres.

La gama de vinos es suficiente, equilibrada, dejando la posibilidad de  optar por la jarra de sangría, las cervezas, jugos o gaseosas. Epicuro prefirió la mazamorra morada, un descubrimiento sabroso para mí (un dólar).

Abrí con rollitos-wantán con ají de gallina ($ 6), los sirven con prodigalidad. A pesar de su apariencia, el plato tiene un sabor muy diferente a su homólogo asiático. El relleno es sutil, la masa crocante, el sabor  original.

La parihuela ($ 9,50) es abundante, servida en un plato profundo, está bien lograda. Recordemos que dicho plato es parecido de cierta manera a la bouillabaisse de los franceses: se trata de reunir en un solo caldo los más preciados tesoros del mar. Sin embargo, la parihuela es un plato muy antiguo al que llamaron alguna vez “la sopa del sol”.

Estamos otra vez frente a lo que ahora llamamos slow food, pues resulta necesario que los ingredientes suelten lentamente todo su sabor. A veces le añaden chicha de jora pero es agradable encontrar langostinos o camarones muy grandes, mariscos de diversos tipos, pescado, razón que, muchas veces nos lleva a pensar en un “levanta muertos”, como se suele llamar  a los platos afrodisiacos también  recomendados contra la resaca. Saboreé con placer aquel caldo. La palabra “parihuela” según lo que me indica internet, viene del quechua paray (hacer agua, crear agua, mojar algo) y hueluy (concentrar, reducir). Es verdad que un  buen plato de parihuela (pescados hervidos y aromatizados) provoca algo de sopor, facilita un sueño reparador.

Los tiraditos ($ 5,20 o $ 7,20) tienen gran éxito. No son fórmulas complicadas, mas, resultan refrescantes, de alto gusto. Se exprime limón sobre los filetes de pescado y en un pocillo aparte se mezcla el jugo de los cítricos con ají amarillo molido. Los que comí en Los Cántaros estuvieron en su punto.

Desde luego están los cebiches, las causas  elaboradas con papas, el ají amarillo, limón, los huevos, la lechuga, cebolla, pueden incluir atún, langosta, camarón, pulpo. Las papas a la huancaína  constituyen otra opción (en su preparación se licua el ajo con queso, leche, jugo de limón y aceite hasta obtener la debida textura).

De las entradas calientes recomiendo  anticuchos, tamales peruanos o criollos, la leche de tigre (concentrado de pescado, limón, ají con colitas de camarón), el majarisco hecho de plátano majado sazonado, acompañado de mariscos en una presentación muy original y la jalea de mariscos (fritos en tempura  con salsitas peruanas).

Como postre,  prueben el suspiro de limeña, el arroz con leche. Irán descubriendo sorpresas en la carta. El sitio me gustó por su calidad gastronómica, su pulcritud, la amabilidad de los anfitriones. Cosecha un merecido éxito.


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