Los compromisos de educador y jurisconsulto del azogueño Telmo León Ramírez no impiden que él haga ‘malabares’ con su tiempo para dedicar algunas horas de la semana a la taxidermia, otra de sus pasiones que le da la oportunidad de estar en permanente contacto con la naturaleza y compartir sus conocimientos con allegados, amigos y conciudadanos que lo buscan para aclarar inquietudes y saber de novedades sobre la conservación del ambiente.
Nacido en 1939 en la capital de la provincia de Cañar, en un hogar que también trajo al mundo a Jaime (+), valioso periodista, y Germán, educador y escritor, Telmo León es de los que se identifican a plenitud con los estudios sobre los ecosistemas y la preservación de las especies animales y vegetales que viven en ellos. Esta vocación le viene desde muy joven y en 1957 la Universidad de Panamá le extendió un diploma que lo acredita como naturalista taxidérmico.
Con aquel reconocimiento logrado tras varios años de estudios y prácticas, León intensificó sus esfuerzos para conseguir aves, mamíferos, reptiles e insectos muertos para prepararlos, dejarlos como si estuvieran vivos, y hacer realidad una colección que actualmente sobrepasa los 600 ejemplares, de entre los cuales hay verdaderas rarezas, y causa emoción observarlos porque muchos de ellos están en peligro de extinción.
La muestra permanente de hermosas y llamativas especies de la fauna ecuatoriana que presenta el personaje cañarense a los grupos de docentes, estudiantes, turistas y amigos que solicitan recorrerla, ocupa la parte alta de una casa en Luis Cordero y Sucre, centro de Azogues, donde funcionó su estudio jurídico. Allí se toma su tiempo para darle mantenimiento y, asimismo, mostrar su colección de álbumes educativos y deportivos –por los menos 75– que llenó con paciencia en su época de colegial y aun de profesional.
Mientras los visitantes observan con justificada curiosidad y emoción ejemplares de hurones, zorros, tayos o guácharos, mirlos, horneros u olleros, gallaretas, colibríes, águilas, tucanes, mariposas, etcétera, que llenan la estancia, su propietario insiste en que “el arte de la taxidermia no es para causar depredación sino para conservar la naturaleza y que se conozca de ella”. Sin demora añade amplias explicaciones sobre las fases que deben cumplirse para un perfecto acabado de las piezas sometidas, labor que le demanda días, semanas y hasta meses.
Habla con fluidez de cómo es el descarne, relleno y montaje del animal; también de lo útil que resultan hasta el microscopio y el bisturí para una labor exitosa en la que tampoco se olvidan los detalles del hábitat de la especie escogida. Telmo León resalta que es respetuoso de la vida y la naturaleza, por lo mismo jamás ha hecho cacería irracional, y que los individuos naturalizados le fueron entregados muertos para que él manifieste en las piezas su arte y los conocimientos.
Amante en igual intensidad de la herborización natural y del cultivo del bonsái, este cañarense aspira incrementar su gabinete para compartirlo con quienes se muestran deseosos de conocer mucho más sobre el patrimonio faunístico que convierte al Ecuador en una de las naciones más admiradas del planeta.