Nos hemos acostumbrado a recibir todo tipo de noticias de los acontecimientos mundiales, como conflictos bélicos, crisis económicas, desastres naturales, eventos políticos, artísticos, de salud y también religiosos, que no llaman mayormente la atención a menos que se trate de un escándalo o de una epidemia como la gripe AH1N1.
No quisiera que pase desapercibida la buena noticia de la próxima inauguración de un nuevo santuario mariano, del Movimiento de Schöenstatt, en Ciudad Celeste de la vía a Samborondón, que merece una gran reacción de alegría y una reflexión que quiero compartir con ustedes:
¿Qué papel puede jugar hoy en nuestras vidas una mujer tan sencilla y humilde como la Virgen María, madre de Jesús?
La fama, generalmente, no se alcanza por estas virtudes, con excepciones como la Madre Teresa de Calcuta. Los patrones de popularidad responden a otros parámetros, como las habilidades artísticas, deportivas, la figura, la audacia, los conocimientos, etcétera, que pocas veces se conjugan también con la modestia y la sencillez.
¿Cabe a las mujeres imitar a María y también someternos a la presión de lucir bellas y jóvenes, sexies, atractivas, bien vestidas, siempre arregladas y a la moda hasta el punto de obsesionarnos y correr riesgos innecesarios, hacer grandes sacrificios para obtener la imagen deseada y satisfacer nuestra vanidad y autoestima?
En una época que sobrevalora la belleza es muy fácil confundir lo que debe ser un complemento en nuestra vida y los valores esenciales que configuran a una bella persona.
En un mundo que nos impulsa a alcanzar el éxito profesional, cumplir metas económicas, rodearnos de lujos y comodidades, viajar… como la máxima felicidad, ¿qué podemos admirar de la pobreza y entrega de María, cuyo ejemplo nos ofrece la posibilidad de disfrutar de una vida más espiritual y profunda?
¿Y qué diremos respecto de su pureza y transparencia total? Si a veces parece que nos ahogamos en la corrupción, que no se ve una salida, que la moral sexual pasó de moda y que el cuerpo de la mujer se ha hecho para exhibirse y provocar…
Por eso resulta casi paradójico que, hoy, todavía existan miles de personas de todas las edades para quienes María, mujer de oración, sabia, prudente, de fe profunda, mujer fuerte y sensible, mujer de paz y decisión, que a través de los siglos sigue rompiendo los paradigmas mundanos, se mantiene como un modelo de vida digno para tratar de imitar.
¿Qué busca la gente en estos pequeñísimos santuarios marianos de Schöenstatt que existen de forma idéntica en tantos lugares del mundo? ¿Un momento de paz?, ¿tranquilizar la conciencia?, ¿milagros?, ¿conversión?, ¿perdón?, ¿protección? Quizás un poco de todo esto.
Este proyecto se ha hecho realidad gracias a la generosidad, la colaboración y trabajo entusiasta de muchas personas que han soñado con brindar un lugar privilegiado para encontrarnos con Dios, con María y con nosotros mismos.
Los efectos, algún día se verán…