El 10 de Agosto, el 24 de Mayo, el 9 de Octubre, pareciera como si nuestros historiadores hubiesen decidido debatir todas nuestras fechas patrias de golpe. Qué oportuno sería si se lo hiciese con criterio científico, basándose en hechos y sin ofensas para nadie.
Pero no es eso lo que está ocurriendo. En su lugar observamos acusaciones de regionalismo, denuestos contra el otro sector y un tinte político muy cargado.
Muchos opinamos que la Historia, tal como se la ha contado oficialmente, debería ser revisada en algunos capítulos, no para minimizar su contenido nacional sino para rescatar la verdad y separarla del mito. Pero una pugna regionalista se interpone, caldeando los ánimos con acusaciones de parte y parte. Así, se dejan de lado los hechos históricos y al final solo se discute sobre las supuestas oscuras intenciones del otro.
Paremos esto. La Historia es una ciencia demasiado elevada para reducirla a una lucha de ganadores y perdedores.