La violencia volvió a adoptar una nueva máscara en el Ecuador. Son los linchamientos, que se iniciaron en ciertas poblaciones indígenas y que ahora, por contagio social inevitable, se han extendido a varios puntos del territorio nacional.
Una de las causas para esta especie de explosión de tortura y sangre es haber adoptado en Montecristi el concepto racista de “justicia indígena”. Sus defensores lo niegan y por eso, aunque no ofrecen ninguna otra explicación, no han hecho nada todavía por reglamentar su novedosa teoría.
Lo más probable, en realidad, es que no sepan cómo hacerlo, ya que no es posible organizar un sistema jurídico serio sobre la base de que las obligaciones y las penas dependerán del color de la piel de las personas. Aun así habrá que seguir insistiendo, como una forma de contrarrestar la influencia negativa de esta novedad constitucional que se la anunció con bombos y platillos y que ahora las autoridades no saben cómo manejar sus resultados.
Esto, mientras la Fiscalía sigue actuando con firmeza y prontitud, según han anunciado sus voceros.