- MAY. 19, 2009 - Foto - Arte y cultura - EL UNIVERSO
Mario Benedetti falleció a los 88 años de edad. Fue uno de los mayores exponentes de la denominada generación del 45 en su país.
A finales de la década del setenta junto con la cantante y actriz argentina Nacha Guevara.
En 1985 Benedetti con Joan Manuel Serrat, quien musicalizó algunos de sus poemas.
Cuando recibió el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana en Madrid en 1999.
En 1999 en un encuentro con el premio Nobel de Literatura José Saramago.
Críticos y escritores sostienen que con la muerte de Mario Benedetti, ocurrida la tarde del domingo en su domicilio en Montevideo, la literatura uruguaya y latinoamericana quedaron huérfanas de uno de sus poetas y narradores más prolíficos, venerado por generaciones por su ética social y su melancólico canto a la vida.
Galardonado en 1999 con el Premio Reina Sofía de Poesía Iberoamericana y en el 2005 con el Internacional Menéndez Pelayo, Benedetti abordó todos los géneros literarios, en los que reflejó una mirada crítica de izquierda que lo llevaría al exilio y a ser, hasta sus últimos días, un firme detractor de la política exterior de Estados Unidos.
Sus poemas fueron cantados por autores como Joan Manuel Serrat, Daniel Viglietti o Nacha Guevara y sus novelas más famosas se llevaron al cine, como La tregua (1974) o Gracias por el fuego (1985), a cargo del director argentino Sergio Renán.
Este exponente por antonomasia de la llamada generación uruguaya de 1945, la “generación crítica”, nació el 14 de septiembre de 1920 en Paso de los Toros, en el Departamento de Tacuarembo. En 1928 comenzó estudios primarios en el Colegio Alemán de Montevideo, donde, según contaba el propio Benedetti, gustaba de escribir en verso las lecciones e incluso sorprendió a sus maestros con un primer poema.
Las dificultades económicas solo le permitieron cursar un año de educación secundaria en el Liceo Miranda y después tuvo que ser casi autodidacta, compaginando los estudios con el trabajo, que comenzó a los 14 años en un taller de repuestos de automóvil.
Antes de dedicarse a la escritura, Benedetti hizo de taquígrafo, cajero, vendedor, librero, periodista, traductor, empleado público y comercial. Todos estos oficios supusieron un contacto con la realidad social de Uruguay que fue determinante a la hora de modelar su estilo y la esencia de su escritura.
Entre 1938 y 1941 residió en Buenos Aires y en 1945 entró en el semanario Marcha como redactor y publicó su primer libro, La víspera indeleble, de poesía. En 1949, Benedetti avanzó en su carrera periodística con su labor en la destacada revista literaria Número, compaginando al tiempo sus tareas de crítico con una carrera imparable como escritor.
Así, en una década trepidante publicó obras como Esta mañana y otros cuentos (1949), Poemas de oficina (1956), Ida y vuelta (1958) y La tregua (1960).
Aunque escribió ensayos, cuentos y poesía, sintió más afinidad por este último género.
Así lo señala la biógrafa del escritor, Hortensia Campanella, cuando presentó hace unos meses el libro Mario Benedetti. Un mito discretísimo.
“Él siempre dijo que se sentía más poeta que otra cosa”, expresó.
Al conocer el deceso del autor de 88 años, José Saramago, premio Nobel de Literatura, expresó: “Hemos perdido y hemos ganado, porque están ahí sus libros, que afortunadamente nos sobreviven”.
Benedetti era uno de los últimos representantes de la generación de 1945, a la que también pertenecía Juan Carlos Onetti. “Termina una época para muchos de nosotros porque él era el exponente mayor de la generación del 45, aquella que logró remover los cimientos intelectuales del Uruguay y tornarlo de cara al continente americano y no de espaldas a él”, dijo el escritor uruguayo Mario Delgado Aparaín.
Opiniones
“Habrá muchos que critiquen ciertos libros de Benedetti, pero no se puede negar su aporte a la literatura latinoamericana”.
Augusto Rodríguez
“En los últimos años se abrió a otras realidades que tienen que ver con la migración y la solidaridad. Gran narrador”.
Alicia Ortega
“Tenemos gente de la generación de Benedetti que no nos acompañará más; nuevos literatos deberán tomar la posta”.
Juan Castro
“Nos deja un gran legado a los lectores. Demostró ser un excelente representante de la literatura universal contemporánea”.
Maritza Cino