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Edición del DOMINGO 17 de Mayo del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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¿Qué provoca que una relación sexual sea intensa?

Texto: Sheyla Mosquera de Calderón

No hay una  frecuencia normal o ideal para mantener una relación sexual satisfactoria. Tampoco debe ser un asunto de contabilidad, sino de sentirse amados.

“Mi marido y yo, casados desde hace veintitrés años, tenemos una vida sexual plena. Hacemos el amor con mucha intensidad, pero no tan frecuente, solo once veces por mes. Esto porque entre nosotros existe amor, humor, creatividad, espiritualidad, confianza, respetamos nuestros espacios y nos apoyamos mutuamente en nuestros proyectos. Y en nuestra intimidad disfrutamos cada detalle desde un beso apasionado hasta el coito”, dice Susana de 43 años.

Julián, de 4
5 años, en cambio, piensa que Rosa, su esposa de 39, ya no es tan ardiente. “Llevamos diez años de matrimonio. Al principio teníamos relaciones todos los días, pero poco a poco fueron disminuyendo, ahora solo son dos a la semana. Mis amigos dicen que está bien, pero otros que no”.

Pero ¿cuánto es lo normal? Los sexólogos Germánico Zambrano y Consuelo Camacho, explican que cada pareja va a encontrar su propio ritmo sexual llegando a acuerdos en cuanto a la frecuencia que satisfaga a los dos. Por ejemplo, los adolescentes al tener un gran vigor su frecuencia será mayor pudiendo tener varias relaciones al día.

En cuanto a los adultos jóvenes al inicio de la vida de pareja pueden ser muy seguidas pero conforme va pasando el tiempo, de 5-10 años, la frecuencia se establece en tres veces por semana conforme indican las estadísticas. Y los adultos mayores por lo general entre 1 a 2 por semana, y si ellos de jóvenes fueron muy vigorosos mantendrán un desempeño superior si se los compara con sujetos de su misma edad, por lo tanto no es cierta la creencia que si abusan de jóvenes no van a mantener una actividad sexual adecuada en la vejez.

El psicólogo Samuel Merlano dice que la frecuencia de las relaciones sexuales se debe a un ritmo que cada uno descubre en la libertad comunicacional en la intimidad, sin represión, tabúes o moralismo. “Así como existen personas que trabajan más de ocho horas y otros menos, así como algunos madrugan y otros no, la frecuencia de la experiencia sexual se debe a la base hormonal del cuerpo que puede ser diferente entre una u otra persona y también si tiene menos conflictos internos que otro”, agrega.

Incluso, dice Zambrano, hasta el 20% de las parejas no tienen relaciones sexuales o son inferiores a ocho por año. A estas se las conoce con el nombre de asexuales y mientras que algunos se resignan a esa vida otros no y les acarrea gran sufrimiento, pero esto tiene solución.

También hay aquellas que no pueden dejar de tener relaciones, a esto se le conoce como hipersexualidad, una forma de adicción sexual. En los hombres se la conoce como satiriasis y en las mujeres ninfomanía.

¿Ofrecen seguridad?
Las relaciones sexuales frecuentes no necesariamente dan seguridad. La proporcionan todas las expresiones de amor que cada pareja experimenta, a través de besos, abrazos, palabras positivas transmitidas a cada uno, actitud de servicios, dar detalles constantemente, entre otras formas de amar, según Merlano.

“Representan solo uno de los aspectos donde las  parejas expresan afectos, pero no puede centrarse todo ahí. Muchas suelen decir que todos los problemas se arreglan en la cama y lo que ocurre es que si no resuelven los inconvenientes complejos y profundos entre ellos, tal vez en la cama se vean síntomas del deterioro afectivo que están viviendo”, asegura.

Incluso, agrega Merlano, hay hombres y mujeres que solo durante las relaciones sexuales se muestran cariñosos o dicen que se aman, porque en algunos es difícil verbalizar sus sentimientos en otros contextos. De ahí que en ese momento se sienten confiados, relajados, emocionados y pueden expresarlos abiertamente.

“Lo ideal sería que toda relación sexual fuera producto del amor, pero en estos tiempos se ha propagado la idea de búsqueda del placer por el placer, que les provoca un disfrute transitorio que llena su vacío afectivo momentáneamente dejándolos más insatisfechos que antes, eso explica su búsqueda permanente de nuevas experiencias”, dice Camacho.

Es importante, agrega, que luego del acto sexual, aunque varones y mujeres somos diferentes en la forma de reaccionar, se exprese en diálogo abierto y sincero, que para las féminas es necesario mantener la cercanía tanto física como afectiva para disfrutar ese momento sin que haya de por medio la presión de un nuevo coito. “Es muy frustrante cuando el hombre se aparta bruscamente para ducharse, fumar o dormirse. Ella lo vive como un rechazo”.


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