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| El nuevo Centro Cívico |
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| El artista Oswaldo Guayasamín entregó en 1970 el monumento del Centro Cívico. Lo tituló La Patria Joven, aunque es conocido popularmente como el Monumento al Chineo. | | |
| Texto: Katherine Villavicencio
Una larga historia de postergaciones hicieron que el teatro fuera entregado 20 años después de su construcción.
Es el teatro más grande de Guayaquil y aunque acaba de abrir de nuevo sus puertas al público ha sido –seguramente– una de las obras que más tiempo ha tardado en su construcción y remodelación. El Centro Cívico empezó a edificarse con retardos en 1970 y desde entonces ha sufrido constantes postergaciones.
La obra, ubicada en el sur de la ciudad, empezó a edificarse en el gobierno de José María Velasco Ibarra, en 1970, con una asignación de 40 millones de sucres.
Rodolfo Pérez Pimentel, en su diccionario biográfico, recuerda que en ese año se entregó por contrato al artista Oswaldo Guayasamín la elaboración del monumento que sería el símbolo del Centro Cívico. Se efectuó con motivo del sesquicentenario de la Independencia como un homenaje a los próceres de octubre.
Lo tituló La Patria Joven, pero por su peculiar forma, en la que un hombre levanta las manos y otros dos a los lados colocan las suyas sobre su pecho es conocido popularmente como el Monumento al Chineo. Se le atribuye a una broma de los visitantes cuya trascendencia dura hasta la actualidad.
Un hermano de Guayasamín fue quien diseñó, en 1971, el Centro Cívico a base de un modelo mexicano que no resultó viable por el clima, “pues la cúpula no soportó las intensas lluvias de Guayaquil y se cuarteó en miles de goteras”, señala la web de Pérez Pimentel.
En sus inicios, el Centro Cívico acogió al Archivo Histórico del Guayas. Era una bodega de papeles, que más de una vez sufrieron los efectos de la humedad. Susana Loor, funcionaria del Archivo, dice que estuvieron en ese local hasta 1986. Eran los únicos que ocupaban el espacio. “Parece que tenía una maldición gitana, lo inauguraban y nunca más lo volvían abrir”.
De hecho la obra quedó inconclusa. Una década después, en 1980, la Municipalidad de Guayaquil la entregó al Banco Central del Ecuador (BCE) mediante la firma de un comodato por 90 años. Se inauguró recién el 25 de julio de 1990, en la presidencia de Rodrigo Borja. En ese año nace la Fundación Centro Cívico, que se hace cargo del teatro hasta el 2000.
El espacio servía como escenario para espectáculos y como escuela de arte. Y se mantuvo a base del alquiler del teatro para conciertos, presentación de artistas y eventos culturales y colegiales.
Luego de las gestiones de la fundación, el Banco Central realizó una asignación presupuestaria para la remodelación del Centro Cívico, que incluía su plaza y teatro. Como parte de ese proyecto se decidió cambiarle el nombre a Plaza de Artes y Oficios y anexarlo al Parque Forestal. La idea era inyectarle movimiento al espacio cultural.
El Municipio de Guayaquil y el BCE se unieron para concretar el proyecto en el 2001. El proceso de contratación se inició en mayo. Los trabajos de las áreas externas debían estar listos en octubre del 2002, mientras que la remodelación interna, que incluía la instalación del nuevo sistema de sonido, acondicionadores de aire, luces y redistribución de butacas (el proyecto planteaba reducirlas de 1.800 a 1.572 para mejorar el acceso) debían entregarse en marzo.
Los plazos no se cumplieron. Y desde el 2002 al 2003 solo se llevaron a cabo espectáculos de danza, mimos, teatro y artes plásticas.
Se fijó una nueva fecha: noviembre y diciembre del 2004, pero las tareas siguieron lentas y hasta el 2005 no hubo avances más que en el ingreso y las butacas.
Los retrasos, según dijo en el 2006 a este Diario Tomás Plúas, entonces gerente de la sucursal mayor Guayaquil del Banco Central, obedecieron a restricciones presupuestarias y a cambios administrativos internos.
En cambio, hubo prioridades en el 2004, cuando se abrió el Museo Arqueológico y de Arte Contemporáneo (MAAC) y luego el Nahim Isaías porque eran espacios dentro de zonas regeneradas.
Paco Salazar, viceministro de Cultura, reconoce que los fondos para el área cultural han existido siempre, pero se han invertido de forma desarticulada. Actualmente se destinan unos 150 millones de dólares. “El Banco Central está poniendo recursos en Guayaquil, por eso es capaz de hacer las inversiones del MAAC, de montar ese espacio y como parte de este proceso busca reactivar el Centro Cívico y se busca una lógica a la Plaza de Artes y Oficios, pero eso se bloquea y deja de hacerse por temas de orden político, fundamentalmente, y queda el Centro Cívico abandonado una vez más, lo cual es terrible para Guayaquil”.
En el 2006 se hizo un nuevo intento. El BCE se comprometió a entregar todos los arreglos del teatro principal, las áreas anexas y la cubierta de ingreso en el primer semestre del 2007. Y los dos miniteatros, camerinos, espacios educativos y cafetería, en el segundo semestre de ese mismo año. No ocurrió. Los trabajos llevaron dos años más y la reinauguración fue posible casi una década después, en el pasado mes de abril.
Luis Silva Guillén, subsecretario de Cultura del Litoral, cuenta que se hizo un estudio sobre la acústica, se mejoró el sonido y se instalaron nuevos acondicionadores de aire e iluminación. Además, se adecuaron accesos para personas con discapacidad y un ascensor. El costo de los trabajos fue de $ 1’200.000.
El Teatro Centro Cívico fue entregado como sede de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil, que ocupará el 70% del espacio, incluido el teatro principal y uno de los dos miniteatros (con capacidad para 200 personas cada uno).
Silva dice que hay un acuerdo con el BCE para manejar la programación dentro de una política cultural. El BCE, en tanto, se encargará del mantenimiento.
La agenda de presentaciones incluye los conciertos de temporada de la Orquesta Sinfónica de Guayaquil e invitados especiales. Él anuncia que el Centro Cívico ha sido incorporado a la Red Latinoamericana de Teatros y los espectáculos que se dan en Quito vendrán ahora a Guayaquil.
A ello se suma otro proyecto para que la Plaza de Artes y Oficios tenga actividad teatral, de cuentos y artistas cada semana.
Y aunque no hay un presupuesto asignado para mantener estas actividades, Salazar dice que se hace un esfuerzo para garantizar la programación porque el Centro Cívico “no es un espacio que mañana tiene que volver a quedar abandonado”.
Estamos haciendo los esfuerzos para dar la mano a la programación que se tiene que dar en el Centro Cívico porque no es un espacio que mañana tiene que volver a quedar abandonado”. Paco Salazar, viceministro de Cultura
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