Ron Howard, antes conocido como Ronnie Howard, es abuelo. No es por estropear a Howard la alegría de ver a sus hijos tener sus hijos propios, pero para millones de miembros de la generación de la posguerra es profundamente perturbador pensar que el otro niño estrella -¿lo recuerdan en Happy Days (Días Felices) en la tele?- ya tiene 55 años de edad y que su hija, la actriz Bryce Dallas Howard, tiene un hijo de 2 años.
Para Howard, empero, su nieto Theo está colocado entre sus mejores producciones. “No me asusta para nada. Es muy divertido. Nos reímos mucho. Me enorgullece decir que, en términos de mi capacidad de lidiar con bebés e infantes, todavía las puedo. Puedo hacerlo en una carrera corta y no tengo que ser el corredor de largas distancias. Puedo echar toda mi energía en unas cuantas horas, o en medio día, y después les toca a Bryce y a Seth (su esposo) hacerse cargo. Pero me encanta”.
Sin embargo, es probable que Howard no haya registrado un número desmesurado de horas cuidando al bebé. En los últimos años ha estado muy ocupado dirigiendo Frost/Nixon y Ángeles y demonios. La primera, acerca de la histórica serie de entrevistas entre Richard Nixon y David Frost, se llevó cinco nominaciones al Oscar, entre ellas la de mejor película y la de mejor director para Howard.
Es poco probable que Ángeles y demonios atraiga tanta atención en el Oscar, pero casi con toda seguridad le irá mucho mejor en la taquilla -y suscitará mucha más controversia-, pues se trata de la misma serie de The Da Vinci code (2006), que fue un éxito internacional, pero también fue muy criticada por atacar a la Iglesia Católica.
Al igual que The Da Vinci code, Ángeles y demonios está basada en una novela de Dan Brown. Aunque esta película es la continuación, de hecho el libro fue el primero de la serie de Brown acerca del especialista en simbología de la Universidad de Harvard, Robert Langdon (Tom Hanks).
“Nunca había hecho una continuación pues, de los 6 a los 26 años, estuve trabajando en programas de televisión durante diecisiete años y medio de esos veinte años”, explica Howard, refiriéndose a su largo trabajo en The Andy Griffith show (1960-1968) y Happy days (1974-1980). “Y, en especial, en ese tiempo la idea de las series de televisión era básicamente establecer a un conjunto de personajes y repetir su conducta atractiva y entretenida, una y otra vez, con un tema central ligeramente diferente y una narrativa que se redondearía al final de los 30 minutos o de la hora de duración. Cuando empecé a hacer películas”, continúa, “quería que cada idea en la que trabajara me emocionara tanto que pudiera mantener mi atención en muchos sentidos durante el año o año y medio que me llevara trabajar en ella. Pero también quería experimentar, probar nuevas cosas y no conformarme con el camino de menor resistencia. Así que continuamente busco cosas que piense que serán una experiencia creativa nueva. Considerando todo eso, hay algo muy intrigante en la combinación de valores de entretenimiento popular y los mundos en los que Dan Brown coloca a Robert Langdon en esas dos historias. Son increíblemente atractivos e intrigantes, pero son tan diferentes que no sentí que me estuviera repitiendo. Y creo que Hanks piensa lo mismo”, dice el director.
De hecho, cuando dirigió The Da Vinci code, ya sabía que si la película tenía el éxito necesario para justificar otra aventura de Langdon, él iba a querer hacerla. Y en efecto, a pesar de los golpes de la crítica y de la tremenda controversia por su tema religioso, la cinta recabó 758 millones de dólares en todo el mundo, por lo que hacer Ángeles y demonios no fue cosa de dudar. “Cuando empecé a concentrarme en serio en esta película, quizá seis meses después de que se estrenara The Da Vinci code, empecé a darme cuenta, desde el punto de vista del director, que en esta iba a ejercitar músculos totalmente diferentes. El tono es muy diferente. Los imperativos de la historia le dan un ritmo completamente diferente. Me di cuenta de inmediato de que, mientras que The Da Vinci code existe en parte en el pasado, era casi totalmente dentro de una especie de burbuja sin tiempo”, explica. “Dan Brown afirma que esa historia es atemporal. Así que yo impulsé eso visualmente, en lo cinematográfico. Ahora bien, Ángeles y demonios es absolutamente del momento”, continúa Howard. “En lo temático se trata tanto del choque entre la tecnología más avanzada y las tradiciones de la fe y la religión, así que las escenas tenían que estructurarse y montarse de modo que mantuvieran vivo el impulso. Una vez que echa a andar la historia y se implica Langdon, no quería que el público sintiera que había un solo segundo que perder. Así que esta película se mueve en forma muy diferente a The Da Vinci code”, afirma.
Las expectativas de Ángeles y demonios son impías, por así decirlo. Si la película las cumple, podemos contar con que, en un futuro próximo, Howard dirigirá a Hanks en otra aventura de la saga: el próximo libro de la serie de Brown, The lost symbol, está programado para publicarse este año.
“Aunque The Da Vinci code fue controvertida y golpeada por los críticos”, dice Howard, “fue una gran experiencia en mi vida y estoy muy contento de haberla hecho y complacido de que haya tenido tanto éxito. Si la nueva película justifica otro capítulo de las aventuras de Langdon y el próximo libro de Dan da material para una película, tengo la esperanza de hacer otra. Pero Dan no me quiere decir nada. No sé nada, excepto que Dan se siente muy contento con el libro”, asegura Howard.
Howard está feliz con su carrera, en lo comercial y en lo artístico, y con las películas que ha hecho. “He tenido un enorme éxito comercial, y toco madera mientras lo digo. Diría que Brian Grazer (su socio productor) es mejor pronosticador que yo respecto de nuestras películas. Nunca he sido bueno para adivinar qué es comercial y qué no, y en realidad no he elegido películas por esa razón. Cuando hicimos El Grinch que se robó la Navidad con Jim Carrey o El código Da Vinci, que está basada en la novela más vendida, sabemos que es probable que sean comerciales y se espera que lo sean”, admite. “Pero no acepté filmes como Apollo 13, Paternidad o Cocoon por sus prospectos comerciales. Ciertamente no pensé que Una mente brillante sería comercial. De otras películas que no resultaron tan comerciales yo pensaba que sí tenían buenas probabilidades. Trato de hacer películas que toquen temas que me interesen”, agrega Howard, “que sea algo que me gustaría ver, que sean algo en lo que yo pueda aportar y que me emocionen en el plano creativo. Entonces mi siguiente tarea es trabajar en la película hasta el punto en que, cuando se la muestre al público, la mayoría la considere una experiencia convincente”.
“Una vez que he hecho eso, todo lo demás -lo comerciable de una película, su mercadeo- es algo que yo animo mucho, pero en lo que no pretendo tener ningún control. Nunca se sabe”, finaliza.