Uno de los deportes favoritos de los políticos es maniobrar con las palabras. A eso se dedican en estos días Raúl Vallejo y los dirigentes de la UNE. Su discusión se parece al viejo acertijo para bobos: ¿qué fue primero, el huevo o la gallina? En este caso la pregunta “difícil” es: ¿Por dónde debe comenzar la Revolución Ciudadana, evaluando a los maestros o capacitándolos?
Casi al inicio de su mandato, el Gran Jefe anunció que los nuevos maestros que se contraten y las nuevas autoridades de escuelas y colegios que se elijan, deberían rendir pruebas de capacidad y aptitud. La reacción de la UNE al inicio fue virulenta, pero al poco tiempo el escándalo cesó. Alguien les hizo notar seguramente que había demasiadas elecciones por delante para pelearse entre “revolucionarios”. Así que, según denunciaron decenas de maestros, las pruebas se convirtieron en fraude; los que más sabían no aprobaron; y a trompicones el Ministro terminó repartiéndose la torta con el MPD.
Quizás para desquitarse, Vallejo quiere ahora pasar a la segunda etapa, sometiendo a una nueva prueba a los docentes antiguos, donde el MPD tiene más influencia.
El Ministro promete para eso que no habrá sanciones, pero eso sí, los docentes que reprueben deberán capacitarse durante un año antes de rendir un segundo test.
En realidad muchos maestros sí quieren que se los evalúe, y de inmediato, no solo para demostrar que están preparados, sino por los beneficios materiales –todavía insuficientes, por cierto– que les han prometido si aprueban.
Es el núcleo cercano a la UNE el que teme que el Ministro quiera desquitarse, por lo que exigen que ningún maestro rinda el examen si primero no se los capacita.
Bien mirado, la discrepancia sobre capacitación y evaluación no tiene sentido. Si tanto les cuesta ponerse de acuerdo a los dos aliados, que hagan ambas cosas a la vez. Por ejemplo, que el primer año la prueba sea voluntaria, para que los padres de familia y el Estado identifiquen a los maestros que sí están preparados y les reconozcan su esfuerzo. A los que prefieran esperar, a su vez, que se los capacite para entonces obligarlos a rendir la prueba.
Lo que ocurre es que esta no es una pelea por orientaciones pedagógicas sino por cuotas de poder. Es la misma vieja pugna interna de Alianza PAIS, que se inició el día que agarraron la troncha pero que se ha vuelto crónica. Alberto Acosta contra Trajano Andrade, Mónica Chuji contra Vinicio Alvarado, Aminta Buenaño contra Pierina Correa, y ahora el MPD contra Raúl Vallejo y Alfredo Vera. Los unos queriendo cobrarse la victoria electoral que acaban de obtener; y los otros defendiendo la parcela del febresborjismo que sobrevive en este régimen.
El único que podría devolverle la tranquilidad a la tienda gobiernista es el Jefe, que necesita una tregua, al menos, hasta que la Asamblea Nacional tome las primeras decisiones. En esos días, cada voto del MPD valdrá su peso en oro, por lo que no cabe adelantar un conflicto. Ya habrá tiempo luego para repartir la mirra y el incienso entre algunos asambleístas de oposición que no dudarán en sacrificarse por la patria y en cambiarse de bando para que el Gobierno reúna una nueva mayoría de diputados manteles.