Ayer las autoridades educativas declararon a los medios de comunicación que los estudiantes de colegios secundarios que alfabeticen no están obligados a reclutar a quienes se beneficiarán de su esfuerzo, ni mucho menos cubrir los costos que demande esta actividad.
Cuando se incluyó en el currículo del bachillerato la obligación de alfabetizar, el objetivo fue despertar en los jóvenes su compromiso con los más postergados, por lo que resultaba contradictorio que se les dificulte la tarea.
Ahora bien, aunque se le puede encargar al colegio que provea de los recursos e infraestructura, ya que se trata de una actividad educativa, no cabe que se le exija que además identifique a la población analfabeta de su localidad, ya que eso implica un conocimiento de los indicadores sociales por área geográfica que no es una especialidad propia de instituciones pedagógicas. Son los ministerios de Inclusión Social los que deben atender este aspecto.