martes 12 mayo Columnistas

Iván Sandoval Carrión ivsanc@yahoo.com

Polleras o pantalones

Días atrás en una reunión social me tocó escuchar a una dama que protestaba por la reiterada conducta del presidente Correa, quien insulta regularmente a diferentes ciudadanos, y se preguntaba quién podría ser el varón que le enseñe al Primer Mandatario a respetar a las mujeres y a las personas en general.

Ese comentario podría articularse con el discurso político del alcalde Jaime Nebot, quien en una de sus últimas intervenciones electorales invocó el valor de las polleras, ya que en los momentos actuales los pantalones no se han distinguido por su bravura frente al poder abusivo.

Se trata del significado de la hombría y su función como respuesta frente a las ofensas del primer funcionario de la República.

¿Qué implica que uno, como hombre, le “enseñe” a respetar al Presidente del Ecuador? En los códigos regulares vigentes en muchas culturas, una conducta común sería invitarlo a salir a la calle para que responda “como hombre”; imaginar la escena resulta ridículo e inadmisible, pues no condesciende a la dignidad de un jefe de Estado y menos al respeto que cualquier sujeto pensante se debe a sí mismo. Amén de que el Presidente nos recuerda constantemente que su dimensión física aventaja sobradamente a la de sus “pitufos” críticos.

Devolver las ofensas con insultos sería más sencillo, pues solo hay que volver a los años escolares y recordar de qué manera insultábamos y motejábamos a ciertos compañeritos, utilizando cierta particularidad física, patronímica o conductual del acosado para caricaturizarla y agredirlo.

En otro campo, pensar que con nuestro sistema judicial los ofendidos tienen alguna posibilidad realmente viable de plantear una querella al Presidente por injurias, resulta sencillamente cándido.

Además, la enseñanza del respeto es función paterna y, acaso, no tenga sentido intentarlo con ningún adulto formado que ya tuvo un padre.
 
Por otro lado, la hombría no consiste necesariamente en contextura física, capacidad “insultativa” o ingenuidad. Quizás hay otros modos de “ser hombre”, empezando por el de plantearse la pregunta: ¿los insultos del Presidente merecen una respuesta?

El “debate” actual entre los dos candidatos más votados para presidente del Ecuador, que se acusan mutuamente de maltratos a familiares, ilustra el nivel cloacal por el que fluye nuestra vida política.

Resulta peligroso que los ciudadanos nos enganchemos en ese juego incitados por la defensa de la “hombría”. Si nuestros presidentes prefieren bogar por esas aguas, sería tonto seguirlos.

Cuando el presidente Correa se posiciona como Mandatario –cosa que ocurre a menudo– actuando en consideración de los intereses nacionales, podemos ubicarnos como ciudadanos para apoyarlo o para contradecirlo con argumentos. Pero si se comporta de otra manera, los ofendidos y todos los ecuatorianos debemos hacer mejores cosas por nuestras familias, ciudades y país, que amargarnos y gastar nuestro tiempo en el último apodo que nuestro Presidente le endilgó a algún comunicador o reportera de televisión, pues seguramente los aludidos le dan a esa palabra presidencial el valor de emuntorio que tiene cualquier exabrupto.

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