- MAY. 10, 2009 - Foto - Medio Ambiente - EL UNIVERSO
Las fundas biodegradables están hechas de polímeros capaces de degradarse o descomponerse mediante la acción de microorganismos. Para que estas bolsas puedan ser biodegradadas deben cumplir con los requisitos establecidos por los estándares ASTM. En un principio, toda bolsa que cumpla con estas normas, como es el caso de las de Supermaxi y Mi Comisariato, puede ser degradada por microorganismos.
Pero si bien es cierto que las biodegradables constituyen una alternativa a las fundas de papel o de plástico regulares, su utilización puede presentar ciertos problemas.
Así lo afirma Valeria Ochoa, PhD en Ingeniería Ambiental y profesora de Química en la Universidad San Francisco de Quito (USFQ). Ella señala que para que las fundas se degraden se requieren condiciones ambientales específicas tales como pH, temperatura, disponibilidad de agua y oxígeno. En su gran mayoría, dice, estos requerimientos no se obtienen naturalmente en los rellenos sanitarios y deben ser proporcionados.
En segundo lugar, aclara, la utilización de las bolsas biodegradables no contribuye a reducir la producción de fundas, por el contrario, podría haber un aumento sustancial en su uso y producción, ya que la gente considera que son menos perjudiciales al medio ambiente y, más aún, se degradan rápidamente. La realidad es que se requieren de 18 a 36 meses para que las bolsas se degraden siempre y cuando se provean las condiciones ambientales adecuadas.
Adicionalmente existe la posibilidad de que generen residuos químicos como resultado de una degradación incompleta, los cuales pueden contaminar suelos y aguas.
Finalmente, en la actualidad la energía requerida, la utilización de materias primas y los costos de producción de las bolsas biodegradables son comparables con los de las bolsas regulares. “La mejor solución al problema de fundas es reciclar y llevar su propia bolsa, y de esta manera evitamos el consumo y producción de más fundas de plástico”, manifiesta Ochoa.