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Edición del DOMINGO 10 de Mayo del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Documentales al poder, la alternativa requerida
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Crudo, de Joe Berlinger. Reflejos en aguas tóxicas: guerra ecológica en el Oriente. Se exhibirá mañana en el MAAC Cine.
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Carlos A. Ycaza | cicaza@eluniverso.com

Ochoymedio abre una nueva etapa del MAAC Cine con dos semanas del EDOC –Encuentros del Otro Cine– en su octava edición anual.

“Hay un consenso de que la película adecuada en el tiempo preciso puede afectar la historia y hacer cambios, para bien o para mal”. Lo decía la revista británica Sight & Sound en una edición especial dedicada al poder de los documentales, y en casi veinte páginas de la edición se destacaba un análisis de los diez documentales que estremecieron el mundo durante un siglo de actividad cinematográfica. Allí la sorpresa mayúscula: la inclusión de El triunfo de la voluntad (1935), de la legendaria documentalista alemana Leni Riefenstahl, una sobrecogedora apología del nazismo auspiciada por el propio Hitler.

El juicio sobre la validez ética de un documental parecía secundario en la polémica selección. Lo que se enfatizaba era el común denominador de los realizadores especializados en el género: su tratamiento creativo de la actualidad. En el escenario cultural del Ecuador de nuestros días, donde campañas estatales inundan los canales de televisión con un impacto desmedido y manipulador, una responsabilidad como la del grupo Cine Memoria adquiere cada año un matiz sustancial en su organización del EDOC. De la misma manera, la reincorporación de Ochoymedio en la programación del MAAC Cine se acerca a un objetivo primordial –que es también el reto– en su exhibición de cine arte en el país: ser la alternativa requerida para la diferenciación con las pantallas comerciales y justificar plenamente eso del “otro cine”. El oficialismo –venga de donde venga– debería estar vetado de su programación.

En su octava edición, las películas de este año parten de una premisa crucial. Se nota la búsqueda de la innovación en el lenguaje documental, donde nunca se establecen normas o requerimientos de estilo. Tampoco se deberían presentir afinidades políticas con el gobierno, a pesar de que el Banco Central es el financista, con el apoyo del Ministerio de Cultura y su Consejo Nacional de Cine. Cuando hablamos de documentales en el cine moderno no hay fronteras y si la selección que viene a Guayaquil no es tan extensa como la de Quito, hay material para todos los interesados. Las exhibiciones se realizan también en la Alianza Francesa.

Dos de los primeros documentales suceden en tierras ecuatorianas. Crude (Crudo), del estadounidense Joe Berlinger, abrirá mañana el EDOC. Preparémonos: es una denuncia sobre la lucha de activistas y abogados ecológicos de Ecuador y de varias latitudes contra Texaco, en medio de la desmedida explotación petrolera en el Oriente. No he visto el filme, pero las credenciales de Belinger son de primera línea.

La que sí vi es un sorpresivo deleite visual: el documental Descartes, del realizador guayaquileño Fernando Mieles. Filmada en estilo guerrilla –así califica Mieles su trabajo– en diversas sesiones durante los últimos años, la película documenta lo que parece un imposible: el descubrimiento de unos cortometrajes perdidos del fotógrafo Gustavo Valle, filmados a partir de un concurso municipal en 1975. A la manera de una improvisada investigación reporteril, Mieles nos descubre al protagonista en su oficio de la actualidad, fotografiar fiestas y matinés infantiles. A su alrededor están unos testigos –dos cinéfilos y un documentalista de la vieja guardia: Gerard Raad, Jorge Suárez y Gabriel Tramontana– que traen cáusticas memorias de un pasado cinematográfico guayaquileño que Mieles rescata con humor y una refrescante dosis de compasión.

En Descartes –pedazos de películas que se botan en la edición– nace una pasión cinematográfica que simboliza todo lo que debe ser el séptimo arte: la expresión intimista y vital de un autor-artista que se expresa con la cámara. Mieles abre un nuevo sendero.


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