Llegar a la tercera edad no es fácil porque se tiene una serie de prejuicios que se van alimentando a lo largo de la vida. La mujer debe prepararse desde el jardín de infantes porque es una enseñanza para vivir la vida, no para ganarse la vida como lo hace la educación convencional, según el geriatra Aldo Guevara D’Aniello.
Entonces es un entrenamiento paralelo al sistema oficial, porque la vejez empieza a los 60 años y no se debe llegar a esa edad sin haberse hecho un proyecto de vida. “En otras palabras, cómo desea su vejez”, dice.
Generalmente, en esa etapa a muchas les afecta el “síndrome de la madriguera vacía”, los hijos se han casado y en el hogar solamente quedan ella y su pareja. Y no son pocas las que se sienten afectadas.
Pero ¿cómo prepararse? D’Aniello sugiere simplemente programarse para ese momento. Mirarse en ese instante y preguntarse: ¿quisiera ser una abuela niñera de esas que le dejan los nietos todos los días o los fines de semana? O ¿se imagina como una mujer añosa, canosa? O ¿quiere estar también a la moda y bella? Lo mejor es reflejarse en el espejo de los vecinos (amigas, parientes...) que ya pasaron por la misma situación. Incluso la mujer debe proyectarse en los siguientes aspectos de su vida:
- En lo emocional: Es bueno pensar en que los hijos se alejan porque tienen que enfrentar la vida y que por lo mismo no se debe interferir en sus hogares. Esa carencia afectiva debe ser compensada o con los nietos o con actividades intelectuales o sociales. Por tanto, con tiempo se deben establecer lazos afectivos, lo que equivale a decir construir una buena vida de relación.
- En lo económico: Es imperativo fijarse un anhelo de dependencia o de autosuficiencia. Depender de los hijos o poseer un ahorro que le dará cierta holgura. Porque existe la tendencia a ceder ahorros so pretexto de ayuda a un hijo o hija y quedarse a merced de la caridad familiar.
- En lo espiritual: Cultivar un credo que realmente llene su expectativa anímica y le preste un soporte interior que le permita sobrellevar cualquier preocupación existente.
- Desarrollar actividades: intelectualmente creativas, aunque no rindan económicamente. Crecer en aquello que siempre se quiso y se soñó.
Totalmente realizadas
“Para algunas mujeres de hoy la mejor etapa de la vida en estos tiempos del mundo globalizado y con todos los avances tecnológicos, médicos y científicos que este tiene podría decirse que es llegar a la tercera edad, porque está realizada profesional, familiar y laboralmente, y sobre todo, segura de lo que ha querido en la vida y lo que desea para su futuro”, dice la psicóloga clínica Romy Albuja. “Para ellas no es una etapa de terminación sino de inicio para un vasto camino que aún falta recorrer”.
La psicóloga piensa que actualmente las mujeres empiezan su preparación hacia la tercera edad alrededor de los 30 años, cuando con responsabilidad y organización deciden en caso de tener hijos criarlos, formarlos y fortalecerlos espiritual y emocionalmente. Incluso cuando solidifican la relación de pareja y trabajan para cumplir las metas que como mujer, madre o profesional aspiran.
Podríamos decir entonces, agrega Albuja, que todo este camino que la mujer recorre es la base donde va a apoyar la estructura filial que ella ha construido. La misma que estará rodeada de satisfacciones espirituales, de orgullo por haber enfrentado las dificultades, superado los conflictos, vencido los obstáculos y logrado los propósitos.
“Es una etapa de placer o clímax porque está segura de sí misma, siente la capacidad de enfrentar lo que surja, posee la fortaleza para luchar contra lo que se presente y con la adecuada fe en un ser superior independientemente de la religión. Incluso está capacitada para recibir lo que la vida le ofrezca –positivo o negativo– con la seguridad de que a futuro siempre será para su bien y el de quienes la rodean (familia).
Este tipo de mujeres llegan a la tercera edad con una belleza física porque está dada por la proyección que sus ojos hacen del interior de ellas. En esta etapa ya tienen claro que su físico no importa, sino que es secundario, insignificante y transitorio, pues la verdadera belleza es superior, indeleble y definitiva.
La psicóloga refiere que esta belleza está dada por los logros obtenidos con su familia, sus hijos, con su pareja o, si carece de esta, con su profesión. Con todo lo que hasta ese momento ha conseguido, y con la conciencia de saber que es ella el eje de todo ese mundo de logros, satisfacciones y éxitos.
Sumergida en la depresión
La mujer que llega a la tercera edad, en ocasiones, también se ve enfrentada con la desvalorización y el menosprecio, generados por hombres y mujeres que la rodean y que consideran que es solo lo material y exterior sobre lo que debe trabajarse para llegar a esta etapa. Este tipo de situación se convierte en agobiante y la sumerge en un mundo de depresión que la obliga a perder la claridad y grandeza de sus logros.
Al caer en la depresión piensa que no vale, que es un estorbo y que no tiene nada bueno que emprender. Incluso que no hay diversión, y si las obligaciones de cuidar a los hijos, de atender la casa o cumplir con el horario de trabajo o estimular a la pareja sí las tienen, se han terminado. Además cree que su vida no tiene sentido y que ha cumplido con su misión.
Es un error pensar así. Ella requiere hacer una revisión de todo lo que ha vencido y los éxitos que ha logrado a lo largo de su vida. También debe valorarse y concienciar que esto no debe venir de los de afuera, sino de ella misma, irradiando el valor que tiene y la seguridad de quién es y todo lo que ha conseguido hasta este punto en su vida, lo cual se convierte en un anuncio de la grandeza que todavía puede generar y conseguir.
D’Aniello sugiere aceptar el envejecimiento como parte del proceso de transformación, que después de los 60 años es individual y privativo de cada persona, y si no lo planeamos a nuestro gusto él nos será impuesto por una colectividad envolvente.
Pero los avances de la ciencia y tecnología le permitirán a la mujer alcanzar un envejecimiento armónico si sabe utilizar los adelantos que ofrecen.
Aprenda:
- Reconozca los signos del paso del tiempo.
- Acepte su huella.
- No viva en el pasado.
- Use el recuerdo como brisa que refresca el presente y estimula el mañana.