La Revista - Logo
Edición del DOMINGO 10 de Mayo del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
::::::::: M E N Ú ::::::::::
    Portada
    Sociedad
    Piqueo de la semana
    Consultorio
    Lo Nuevo
    Dr. Tecno
    BBC Mundo
    Columnistas
    Gente de cine
    Cuerpo y Alma
    Destino
    Moda
    Gastronomía
    Libros
    Arquitectura
    Show
    Orientación
    Arte
    De Cine y Del Resto
    Salud
    Cocina de Patricia
Cuerpo y Alma 
Trajes a medida para él y ella
ampliar imagen ampliar imagen

María (i) y Blanca Collahuazo mantienen ‘viva’ la sastrería La Francesa.
Imprimir esta noticia Enviar noticia por e-mail
La sastrería La Francesa funciona desde hace 37 años en Rumichaca y Nueve de Octubre. Es un negocio de familia que María y Blanca Collahuazo han mantenido vigente. Lo inició su padre, Julio Collahuazo, quien aprendió el oficio en la sastrería que lleva el mismo nombre en Quito, y lo continuó luego el mayor de los hermanos, Manuel.

María, de 57 años, y Blanca, de 58, se vincularon después. Aprendieron viendo los cortes y las prendas que hacía su papá. Después se animaron a estudiar para hacer de la costura una profesión.

Se graduaron de modistas y cada una se especializó en una rama dentro de la sastrería: María se dedicó a confeccionar la ropa a medida para mujer y Blanca para hombre.

Ella heredó la habilidad de su padre para confeccionar ternos, chaquetas y pantalones para caballeros. Por eso cuando don Julio y Manuel fallecieron, Blanca asumió todo lo relativo a la vestimenta masculina.

La costura fue un negocio rentable, recuerda María. “Antes teníamos dos locales y nos amanecíamos cosiendo. Ahora hay cantidad de ropa que se vende hecha y barata”.

De ahí que parte de la demanda de sus servicios sea para componer, ajustar, cortar o adecuar a la moda actual alguna prenda que fue adquirida en algún almacén. “Por lo general la gente saca del clóset la ropa que ya no se pone y la actualiza. Si ya no se usan las bastas anchas, las hace reducir; si no le gusta mangas largas, se las hace cortar; o si se engordó un poquito, piden sacar de los lados la costura”, cuenta ella. 

También hace una confesión: les resulta más práctico confeccionar una prenda que repararla, pero por complacer al cliente se hace todo tipo de compostura que les sea posible.

María y Blanca cosen desde que tenían 20 años. Y aunque ambas usan lentes por efectos del oficio, su visión les permite coser sin complicaciones e insertar con la misma facilidad de sus inicios el hilo por el ojo de la aguja.

A la sastrería llegan clientes de todos los sectores de la ciudad, por lo general familias que se mantienen fieles al acabado de sus prendas, aquellos que no consiguen ropa para su talla o que prefieren prendas exclusivas.

María confecciona desde blusas hasta faldas, vestidos y uniformes; Blanca, en cambio, corta los pantalones, ternos y chalecos para los conocidos trajes sastre. Ellas ofrecen un trabajo a la medida y al gusto de su cliente y eso es lo que les proporciona mayor satisfacción. “Lo mejor es ver que la persona se va contenta con su prenda”.

Telf.: 252-4092.

© Derechos Reservados 2004 Compañía Anónima EL UNIVERSO. Todos los Derechos Reservados