Sin embargo, no todo el mundo puede acudir a sitios de tarifas tan altas.
Escribí mil veces en esta columna que el futuro pertenece a quienes logren una relación calidad-precio razonable aunque deban para lograrlo disminuir sus utilidades, entiendan que una botella de vino adquirido por $ 20 en el supermercado no se factura en $ 70.
Es posible que el restaurante más caro de la ciudad sea El Gourmet del hotel Oro Verde: lo visitaré pronto para constatar si la calidad de los platos lo justifica. También desconfío de los precios excesivamente bajos: pueden hablar de ingredientes poco confiables.
Carnes & Vinos no es un restaurante gourmet en lo absoluto sino más bien un sitio casero pero se nota la preocupación del dueño por ofrecer al mejor precio platos de buena hechura. No hallarán el steak de Texas, Argentina o Uruguay sino un producto nacional de calidad.
Al menos el bife que me sirvieron era tierno, de buen sabor: les recuerdo que Epicuro come siempre la carne en un grado ligerísimo de cocción (un cuarto). En caso de que ustedes pidan su lomo fino muy cocido no tendrán opción a quejas si sale demasiado firme. Si no están muy familiarizados con el tamaño de las porciones, les indico que un lomo fino de 250 gramos ya es cosa muy seria para personas de gran apetito.
El bife del mismo peso cuesta lo mismo $ 8, precio competitivo. El lomo de asado de 180 gramos baja a $ 6,69. La carne llega acompañada de papas fritas tal como me gustan: amarillas, tiernas, pero pueden ser al ajillo, ensalada fresca con vinagreta, puré.
Todos los platos individuales de carne están entre $ 6,25 y $ 8,48. La parrillada completa incluye lomo de asado, pollo, chuleta de cerdo, chorizo cuencano, morcilla y riñones con su guarnición ($ 9,82), la doble: $ 17,85) pero les aseguro que saldrán sin hambre. También hay costillas BBQ, chuletas con chorizos.
El ambiente es sencillo, de buen gusto. Baño limpio, cocina pulcra. Personal muy amable. Mery Guanín nos atendió con sonrisa, extrema amabilidad. Xavier Pástor, uno de los socios, me explicó que quiso ofrecer un sitio cálido, sin pretensión, con una decoración que incluya lámparas antiguas de petróleo convertidas en eléctricas, una antigua silla de betunero, un cofre añejo, un pintoresco reloj de cuerdas que funciona todavía.
Fuera de las carnes asadas, el restaurante propone platos orientales como las brochetas en salsa satay, el estofado thai, el atún en costra de ajonjolí, sopas (recomiendo la sopa chowder de mariscos, las de aguacate, cangrejo). El robalo en papillote gustará a quienes aprecian los aromas intensos (recuerden que para esta técnica de cocción se envuelve el pescado con sus aliños en fundas de papel de aluminio lo que permite conservar los sabores naturales. Se abre la funda al momento de servir para que el comensal pueda apreciar todos los efluvios).
Mis consejos a los socios: aumenten la gama de postres y, con el tiempo, adquieran una máquina para hacer expreso. El detalle absolutamente negativo de mi crítica se refiere a este abominable café soluble traído con una taza de agua.
Al menos podrían ofrecer esencia a la usanza guayaquileña. Hay también cafeteras con filtros de papel que cuestan muy poco como la Sunbeam, la Black and Decker. Epicuro no concibe un buen almuerzo sin el impecable café. Fue la única nota desafinada en aquel restaurante ideal para los oficinistas del sector.
Fuera de las carnes asadas, el restaurante propone platos orientales como las brochetas en salsa satay, el estofado thai, el atún en costra de ajonjolí...”.
Carnes & Vinos: Víctor Manuel Rendón 232 y Pedro Carbo. Telf.: 230-9134.