Edición del VIERNES 8 de Mayo del 2009
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María Leonor Lasso, especial para Sambo

En medio de la ceremonia, el anfitrión levantó su copa e hizo un brindis. De todo lo que dijo sobresalió una frase.

Alguien opinó que se parecía al nombre de una película, otro pensó que era eslogan de campaña, uno hasta  mencionó que lo había  escuchado en el discurso de Obama, pero todos quedaron decepcionados cuando  respondió que esa línea la había leído en un subtítulo del Messenger.

Comunicar es una necesidad, aquello que se piensa y no se dice, luego busca la manera de subir a la superficie y cualquier medio en que lo haga será terapéutico. Cada espacio se aprovecha en lo posible; los grafito, por ejemplo, tienen el suyo en murales y paredes, y son anónimos. Pero la cuestión se vuelve más interesante cuando alguien pone su firma.  Carl Jung, colega de Freud, quien se dedicó a la exploración del “espacio interno”, habría hecho de estas líneas un tema de estudio.

Cada mañana al iniciar el ordenador, aparece automáticamente mi lista de contactos. Aprovecho para enterarme de sus novedades, lo que venden, lo que escuchan, cómo se sienten, solo unos pocos no escriben nada. Esta lectura no me lleva más de tres minutos.  Si tuviera a Jerry McGuire seguramente junto con su nombre aparecería la frase Show me the Money, la de  Arnold Schwarzenegger sería I’ll be back, Humphrey Bogart habría escrito We’ll always have Paris y el Extraterrestre diría:  ET Phone Home.

¿A qué responde esta costumbre de escribir de una línea hasta cuatro junto al nombre de usuario en el Messenger?  Una respuesta sería su sencilla publicación; el espacio disponible es una especie de resbaladera donde el mensaje personal se desliza y se publica con un clic. Otra podría ser lo fácil que se borra. Y, por último, el saber que es lienzo de pensamientos, ideas, proyectos o viajes. Pero una de las razones más acertadas sería el pensar que el medio garantiza la lectura del receptor hacia quien va dirigido. Un espacio único donde se dispara directo al blanco. Un lugar semi-interno donde se le permite hablar al ego en cualquiera de sus estados, porque no hay duda de que hay veces en que decirlo a la cara… ¡cuesta! Incluso hay cosas que no se sabe ni a quién decírselas. Gracias a esas combinaciones de humor y personalidad surgen más de un Dr. Jekyll y algunos Mr. Hyde.

En mi ventana los tengo clasificados. Están los maestros, por lo general escriben frases célebres o lecciones de moral: Estoy justo donde debería estar.   Los que dejan pistas… ¡Un día más en Gotemburgo superado con éxito!, ¡El regreso está cerca! Los que quieren tenerte siempre cerca, actualizan sus datos:  bb PIN 20394387F.   Los que esperan la llamada telefónica: Nuevo número  (09) 738-3839.  Los que nos tienen informados y hacen entregas noticiosas de mañana, tarde y noche. En la mañana: ¡Hoy me levanté feliz! En la tarde: Comí demasiado… ¿qué hago?  Están también los misteriosos: ¿Yo no soy quien crees, y tú? Y no paro de reír al pensar en los desubicados: Pancho, conéctate… Obviamente, Pancho no leyó este mensaje y ni pensar en que se haya conectado gracias a él.

Unas veces funciona. En mi caso, me he enterado del quinto bebé de Ximena, el aniversario de bodas de mi hermana, he sentido envidia de María que se la pasa viajando y  hasta confieso que me he reído de más de una pena sentimental. Hace poco escribí ¡Auxilio! y enseguida alguien me llamó a vender un seguro contra accidentes. Por el momento he preferido dejar mi espacio en blanco para no ser víctima de mis propias ocurrencias.

Si hasta el día de hoy no sabías que existían, te invito a tomarlos en cuenta. Nunca se sabe con qué te encontrarás al iniciar el ordenador, tal y como reza la descripción de la vida que el famoso personaje Forrest Gump, interpretado por Tom Hanks, mencionaba en una escena de la película: “La vida es una caja de chocolates. Nunca sabes lo que vas a tener”.


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