Si uno investiga dentro de la literatura, se topa con un Guy de Maupassant tratando el tema de un modo erótico. Me enteré por internet que cinco de cada cien españoles son mujeres que han perdido a sus cónyuges, unas se encierran en una tristeza que las acompañara hasta la muerte, otras optan por realizarse en cualquier tipo de actividades. Existen asociaciones de viudas alegres como la de Ermua (Vizcaya), encargada de poner a flote a las mujeres derribadas por la pérdida de su esposo. En España encontramos a 2’220.700 viudas. En la práctica del sati en India, la viuda tenía que lanzarse a la hoguera en la que incineraban al esposo. Rudyard Kipling y Julio Verne nos hablan en sus obras de aquel rito.
Este prólogo nos lleva a hablar de las viudas más famosas del planeta. Me alegra decirles que todas tienen que ver con el champán, pero hay viudas y viudas. La más famosa, sin duda, es Nicole, quien, a los 27 años, perdió a su cónyuge Philippe Cliquot. Aprovechó sus altas relaciones internacionales para convertirse en mujer de negocios. Amiga de Napoleón Bonaparte y del emperador de Rusia, usó las llamadas valijas diplomáticas para burlar los controles aduaneros y bloqueos.
Cuando terminaron las guerras napoleónicas, Nicole Cliquot celebró la victoria de Austerlitz fletando un barco en el que pudo mandar a San Petersburgo 12.180 botellas de champán más tres barricas del llamado “vino tranquilo”, aquel que no hace espuma. Entenderán ahora por qué los rusos guardaron una particular afición a esta marca. Dirige en la actualidad la empresa Cécile Bonnefond y, por cierto, no es viuda,
Fuera de Nicole Cliquot existen solamente La Viuda Devaux, La Viuda Fourny, La Viuda Lepître y La Viuda Bollinger. Aquello significa llanamente que si ustedes compran botellas que ostentan el nombre de otras damas, estarán adquiriendo un espumante (el que desde luego puede ser agradable pero no es champán)
Existen viudas ocultas detrás de marcas tan conocidas como Pommery o Laurent Perrier. Liz Taylor dijo una vez que “para adelgazar lo mejor era comer caviar sin pan y beber champaña sin burbujas”, frase que indignó a los franceses, pues un vino espumoso sin burbujas se vuelve herejía tan grave como un cebiche de corvina sin limón o un sándwich francés sin pan baguette.
En uno de sus aniversarios la casa Cliquot propuso botellas de tres litros al precio escandaloso de 2.500 dólares. Recuerden que no es de muy buen gusto proceder al descorche con estruendo, pero no deja de ser divertido para los niños grandes hacer saltar el corcho hasta el techo como lo es la costumbre de hacer llover champán sobre quienes festejan al ganador de una carrera automovilística.
Muchos consideran que el Dom Pérignon es lo máximo, lo que no es cierto, a pesar del precio que lo vuelve casi inaccesible. Si bien es cierto que interviene el gusto individual, La Grande Dame, botella estelar de la Viuda Cliquot, es de cuerpo mediano. La cosecha rosada del 95 fue gloriosa. Cristal de Roederer, a Grande Cuvée (producto noble de cubas especiales) de Krug, así como el Brut de Bollinger ostentan realmente mucho cuerpo, fascinan a los aficionados; también están Taittinger Lanson, Salón.
Si quieren coquetear con las viudas, dejen que las burbujas finas, minúsculas, suban a ritmo apretado desde el fondo de la copa. Lo harán durante media hora sin cansarse, mientras que los baratos espumosos se apagarán pronto. Su nariz captará un aroma floral frutal o mineral. El vino se hinchará en su boca con amplitud, frescura, equilibrio, armonía, sin molestosa acidez, luego paladearán su sedosidad.