EE. UU. |
Cuando una mujer reporta una violación, su cuerpo es una escena del crimen. Típicamente le piden que se desvista sobre una amplia sábana de papel blanco para recolectar cabellos o fibras, después su cuerpo es examinado con luz ultravioleta, fotografiado y recorrido exhaustivamente con hisopos en busca del ADN del violador.
Es un proceso agonizante e invasivo que puede durar de cuatro a seis horas y da como resultado un “paquete de violación”, mismo que, resulta, a menudo se queda intacto durante varios meses o años, sin que lo abran y lo sometan a pruebas.
Con pasmosa frecuencia, dicho paquete de violación no es sometido a prueba alguna porque no se considera que sea una prioridad. Si efectivamente es probado, se hace a un paso tan ocioso que pudiera pasar un año o más antes que haya resultados (de expeditarlos, técnicamente es posible obtener resultados en una semana).
Así que, aunque tenemos avanzadas tecnologías de ADN para encontrar culpables y exculpar a sospechosos inocentes, no las estamos aplicando de manera apropiada –y quienes trabajan en este campo creen que la razón es una duda subyacente con respecto a la seriedad de algunos casos de violación–. En pocas palabras, esto no es injusticia, es indiferencia.
Solomon Moore, colega mío en el Times, escribió el año pasado acerca de una secretaria jurídica de 43 años de edad que fue violada repetidamente en su hogar de Los Ángeles, mientras su hijo dormía en otra habitación. El atacante obligó a la mujer a limpiarse en un esfuerzo por destruir la evidencia.
Tim Marcia, el detective del caso, pensó que eso significaba que el perpetrador era un trasgresor habitual que atacaría de nuevo. Marcia llevó el paquete de violación al laboratorio de criminalística pero le dijeron que debería esperar una demora de más de un año.
Así que Marcia condujo personalmente a lo largo de 550 kilómetros para entregarlo en el laboratorio del Estado, en Sacramento. Incluso ahí, la carga de trabajo acumulada dio como resultado una demora de cuatro meses, pero después produjo un “acierto en frío”; esto es, una coincidencia con una base de datos del ADN de transgresores previos.
Sin embargo, en los meses que pasaron mientras el paquete de violación estuvo en un anaquel, el sospechoso presuntamente había atacado dos veces más. La policía dijo que había allanado los hogares de una mujer encinta y de una joven de 17 años de edad, atacándolas sexualmente a ambas.
“El sistema de justicia penal sigue estando mal preparado para enfrentar la violación y no es muy bueno para lograr el progreso de casos de violación”, anota Sarah Tofte, quien acaba de escribir una devastadora información para el grupo Human Rights Watch acerca de la carga de trabajo acumulada en la forma de paquetes de violación. En el informe se decía que en el condado de Los Ángeles, con base en el último conteo, había 12.669 paquetes de violación parados en instalaciones de almacenaje de la policía. Más de 450 de estos paquetes habían estado detenidos durante más de 10 años. Por lo tanto, el estatuto de limitaciones ya había expirado.
No existen cifras nacionales que resulten confiables, y una de indicación de la indiferencia es que nadie se molesta en siquiera contar el número de paquetes de violación que están detenidos, sin que los sometan a pruebas.
¿Por qué no le dan un trato urgente los departamentos de policía a dichos paquetes de violación? Una de las razones probablemente sea el costo –las pruebas de cada paquete pueden costar hasta 1.500 dólares–, pero todo parece indicar que también abunda el desagrado por los casos de violación, pues resolverlos termina siendo oscuro, ambiguo y difícil, particularmente cuando involucran (como ocurre con frecuencia) alcohol o la violación a manos de alguien conocido.
“Hablan de la credibilidad de las víctimas de una manera que no hablan cuando se refieren a la credibilidad de víctimas de otros crímenes”, destacó Tofte.
Charlie Beck, el subjefe de policía de Los Ángeles, dijo que no había excusa para no someter a pruebas los paquetes de violación, pero notó que la integración de la nueva tecnología al trabajo policial resulta compleja e involucra una curva de aprendizaje. Desde que el grupo por los derechos humanos Human Rights Watch lanzó su investigación, dijo, el departamento había resuelto poner a pruebas de rutina sus paquetes de violación; y debido a ello, los aciertos en frío se han duplicado.
Si bien la carga atrasada y el engañoso manejo de los paquetes de violación son problemas a lo largo de Estados Unidos, existe una sola excepción brillante: la ciudad de Nueva York ha dado un esfuerzo concertado a lo largo de la última década para someter a pruebas cada paquete que llegue. El resultado ha sido al menos 2.000 aciertos en frío en casos de violación, y la tasa de arresto para casos reportados de violación en la ciudad de Nueva York aumentó de 40 a 70 por ciento, con base en Human Rights Watch.
Algunos estadounidenses solían argumentar que era imposible violar a una mujer que no estuviera dispuesta. Muy pocas personas dicen eso hoy día, o dicen en público que una mujer “se lo buscó” si llevaba puesta una falda corta. Con todo, la negativa a probar los paquetes de violación parece un retroceso al mismo escepticismo antediluviano con respecto a que la violación era un crimen traumático.
“Si cuentas con una profusión de evidencia física de un crimen, y no estás haciendo todo lo que puedes con la evidencia, entonces debes estar tomando la decisión que ese no es un crimen muy grave”, anota Polly Poskin, la directora ejecutiva de la Coalición de Illinois en Contra del Ataque Sexual.
Eso es lo que podríamos esperar en Afganistán, no en Estados Unidos.
© The New York Times News Service.