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¿Qué impide que tengamos un pensamiento flexible?

Una mente abierta al cambio, sin poner barreras, contribuye al progreso del individuo y la sociedad.

La flexibilidad mental es mucho más que una habilidad o una competencia: es una virtud que define un estilo de vida y permite a las personas adaptarse mejor a las presiones del medio. Una mente abierta tiene más probabilidades de generar cambios constructivos que redunden en una mejor calidad de vida; una mente rígida no solo está propensa a sufrir de todo tipo de trastornos psicológicos, sino que, además, afectará negativamente al entorno en el que se mueve, según el psicólogo Walter Riso en su texto El poder del pensamiento flexible, del grupo editorial Norma.

Una persona que genera pensamientos flexibles establece enfoques mentales desde diferentes perspectivas, todo lo contrario del pensamiento rígido o dogmático. Así piensa el doctor Eduardo Santillán Sosa, neuropsicólogo y terapeuta individual de parejas y familias. Para él es necesario que estemos más conscientes de nuestras actitudes, enfoques (formas de apreciar, analizar y valorar), comportamientos, nuestro entorno y cómo reaccionamos ante diferentes situaciones que afrontamos diariamente.  De esta manera podremos cambiar de la rigidez a la flexibilidad.

Un ejemplo importante, dice Santillán, son aquellos padres que por uno u otro motivo tienen que asumir un rol múltiple para criar y dirigir a sus hijos, por ser los responsables de una familia monoparental, dado que no se encuentra la mamá o esposa. Su actitud ante tales actividades que tradicionalmente e injustamente han sido impuestas como responsabilidad de la madre son incorporadas a su rol con éxito, para lo cual naturalmente se debe desarrollar un pensamiento flexible.

Para la psicóloga clínica Teresa Baquerizo de Sánchez, la flexibilidad permite a las personas desarrollar habilidad de adaptación a las circunstancias del entorno. Lo contrario a una persona rígida, a quien le será difícil y casi imposible el proceso de adaptación. Charles Darwin, en su obra Los orígenes de las especies, decía que solamente los seres vivos que logren adaptarse podrán sobrevivir.

Entonces una persona flexible podrá encontrar formas creativas de solucionar las dificultades y problemas; en cambio, una persona rígida intentará resolver sus dificultades siempre de la misma manera, aunque no obtenga los resultados que desea. Incluso difícilmente da su “brazo a torcer”, a tal punto de perder en sus interacciones, puesto que no sabe ceder.

En cambio, un pensamiento flexible permite a las personas tener facilidad para relacionarse en los diferentes ambientes; además, permite estar en capacidad de interactuar y de aceptar a los demás tal y como son.

Generalmente, agrega Baquerizo, el estilo de cada persona se va forjando a lo largo de su historia de vida, desde sus tempranas experiencias. Sus referentes serán los modelos familiares, principalmente. Una persona criada por un padre rígido tendrá más probabilidad de ejercer con rigidez, o su contrario, permisividad, o incluso con conductas caóticas, pues se rebela a lo establecido. Una persona podrá cambiar su historia únicamente si reflexiona sobre ella y analiza las posibilidades de cambio.

Cuando alguien acepta tener un problema que debe resolver, y su grado de involucramiento en lo que le sucede, solamente entonces podrá encontrar las alternativas, talvez de la mano de un profesional que lo oriente; mientras tanto, no hay nada que hacer.  Es probable, además, que una persona rígida no busque soluciones, pues su pensamiento no se lo permite, no hay otras opciones para él, es “rígido”.

Afectos y emociones
La mente flexible fortalece el yo, por eso lo mejor que los padres pueden hacer por sus hijos es proporcionarles el apoyo afectivo y emocional que necesiten para crecer y desarrollarse, creándoles un clima propicio en el que se sientan totalmente queridos. “Al igual que una planta necesita sol y lluvia, el niño necesita cariño y protección, pero también requiere que se respeten sus gustos, creatividad, sus actitudes constructivas, talentos y vocación. Los hijos no son propiedad de nadie y hay que alentarlos a que desarrollen su individualidad, el respeto y consideración por los demás”, dice Santillán.

Si los padres tratan que su hijo sea algo para lo cual no tiene talento o vocación, su calidad de vida se debilitará, y su futura capacidad de felicidad y alegría se acabará. La infancia es un buen inicio para enseñar a desarrollar en los niños una mente flexible (el juego es uno de los medios efectivos), aunque naturalmente los valores y principios como honestidad, respeto, solidaridad, entre otros, no son sujeto de variación.

En una relación matrimonial es vital la necesidad de empatía, situación que no será factible si no se cultiva y se mantiene un pensamiento flexible. La contribución del hombre a las tareas y responsabilidades del hogar y de los hijos es primordial para que todo marche bien. El antiguo paradigma de que dicha situación solo debía ser responsabilidad de la mujer era un pensamiento machista. “Lastimosamente, todavía persiste abundantemente en nuestra sociedad”.

Por último, el pensamiento flexible es un innegable factor de protección contra las enfermedades psicológicas, genera mayor bienestar y mejores relaciones interpersonales, y nos acerca a una vida más tranquila y feliz. “Si decidimos ser flexibles, nos quitaremos un enorme peso de encima al ver que nada está predeterminado y que, por lo tanto, tenemos que decidir por nosotros mismos”, asegura Santillán. (S.M.d.C).


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