Si no tuvo tiempo de obtener su visa para visitar estos dos países asiáticos, no se preocupe. La capital francesa, un caleidoscopio de culturas, sabores y arquitectura, le ofrece la oportunidad de viajar alrededor del mundo sin tomar el avión. Solo basta el deseo y la curiosidad de conocer otros de los múltiples rostros de la capital francesa.
Al término de este periplo asiático, no deshaga sus maletas. Aún le quedan muchos lugares del mundo por explorar sin tener que comprar un pasaje de avión.
Barrio chino o ‘Triángulo Amarillo’
Entre la avenue d’Ivry, la avenue de Choisy y el boulevard Masséna (75013). Metros: Porte-d’Ivry o Porte-de-Choisy
Un paseo por el llamado Triángulo Amarillo le hará creer que está en el continente asiático: paneles publicitarios con ideogramas, profusión de patos laqueados colgados de las patas, vitrinas con estatuillas de Buda… incluso el Mc Donald’s de la avenida de Choisy abandonó su reconocible decoración ‘made in America’ y ostenta una fachada púrpura, colgadizos de tejas vidriadas y dragones alados.
Establecimiento Phu-Xuan
8 rue Monsieur-le-Prince (75006). Metro: Odéon
Desde el primer momento, su escaparate llama la atención: instrumentos o preparados con nombres milagrosos (agujas de belleza, emplasto de la felicidad…). En su interior nos encontramos algo parecido a un museo de ciencias naturales, que expone esqueletos de plástico, planchas de acupuntura, anillos de la salud, piedras de luna, carillones de feng shui; y cuyos cajones atesoran extractos de cuerno de ciervo o de gallina negra, infusiones de tortuga, frascos con bilis de serpiente u otros complementos nutricionales.
Templo de los residentes de origen cantonés
El altar del culto de Buda resulta uno de los templos más desconcertantes que existen en París, ya que se sitúa en el interior de un estacionamiento de carros. Difícilmente encontrará el número 37 de la calle del Disco porque esta calle es subterránea. Así que frente al número 66 de la avenida de Ivry, entre sin miedo al estacionamiento. Hacia la derecha verá seis grandes linternas rojas que se balancean bajo un colgadizo vidriado. Suba los tres escalones y entre al templo. Lo recibirá una bruma de incienso a través de la cual logrará percibir luminosos altares taoístas llenos de ofrendas florales y comestibles, como frutas, tazones de arroz o aceites. En una esquina del salón, ancianos con ralas barbas de chivo hacen sonar sus peones de ‘xiang-qi’ (ajedrez chino) sobre tableros improvisados.
Museo del Panteón búdico
19 avenue d’Iéna (75016). Metro: Iéna
En este pequeño museo, un poco desconocido pero muy interesante, Buda está presente en todas partes, con los ojos cerrados o semicerrados, sumergido en una profunda meditación. Sus fieles acólitos, los ‘bodhisattva’, creados a su imagen, adoptan por el contrario variadas posturas y visten trajes principescos. Alrededor de ellos gravita toda una serie de estatuillas de sonrisas impasibles y enigmáticas o aire furibundo y devastador. En la planta baja, lo más cautivador es la Mandala del Tôji, formada por 21 estatuas doradas de divinidades, y mientras algunas meditan apaciblemente, otras rivalizan en muecas y gestos terroríficos.
Chinagora
1 place du Confluent-France-Chine (94140 Alfortville). Metro École Vétérinaire de Maisons Alfort
Según las creencias chinas un edificio levantado en la confluencia de dos ríos trae la prosperidad a sus habitantes. No fue el caso de Chinagora. Este complejo de impresionantes pagodas, que se yergue en la confluencia del Sena con el Marne, destinado a albergar restaurantes, un hotel, una galería comercial, jardines y estanques en pocos años cayó en la bancarrota. Hoy hace pensar en una Ciudad Prohibida que bruscamente se vació de sus habitantes. Vale la pena visitar el sitio sobre todo por su jardín de Nueve Dragones, que el visitante asombrado descubrirá en un recodo de uno de los numerosos corredores de la galería comercial.
Restaurante Whenzhou
18 rue au Maire (75003). Metro Arts-et-Métiers
Este pequeño restaurante se sale del habitual de comida rápida china. Podrá degustar anguilas salteadas a la soja, crepes rellenas de legumbres y puerco, un sinnúmero de sopas y una bebida a base de jalea de hierbas (una suerte de Coca Cola con fondos vegetales) en un decorado de piedras blancas y vigas de madera. Su apetito de dragón quedará saciado por menos de 12 euros.
La Guinguette Pirate
Frente al número 11 quai François Mauriac (75013). Metro Quai-de-la-Gare
Se trata de un barco chino de madera, construido en 1980 según planos del siglo XVII y bautizado la Dama de Cantón. Después de haber dado la vuelta al mundo, ancló definitivamente en 1995 y se convirtió en el Merendero Pirata. Todas las noches los parisinos en busca de lugares refrescantes toman por asalto el puente para beber un trago mientras escuchan música del mundo.
Casa de los Tres Tés
1 rue Saint-Médard (75005). Metro Place-Monge
La Maestra Tseng, experta mundialmente reconocida, le brindará la oportunidad de acercarse al espíritu sagrado del té, ese ‘perfume que se bebe’. Esta joven perpetuará delante suyo la milenaria tradición del ‘gong fu cha’, un método ancestral de preparación que requiere dos minúsculas teteras, dos tazas, esmero y mucha paciencia. La Casa ofrece al cliente cerca de 400 variedades de té. Los expertos apreciarán a sorbitos los sabores inusitados a 92 euros la taza.
Casa de CT Loo & Cia
48 rue de Courcelles (78008). Metro Courcelles
Con su alta fachada de color rojo ladrillo, su pórtico, sus ventanas tabicadas, sus tejas vidriadas y sus colgadizos encorvados, esta auténtica pagoda china desconcierta en medio de los uniformes edificios que la rodean. En 1926, Ching Tsai Loo, un anticuario, especialista en arte de Extremo Oriente, le confió al arquitecto François Bloch los planos de la casa de sus sueños y le pidió transformar la mansión que acababa de adquirir en una galería de estilo chino. Desde el espectacular ascensor de madera esculpida se puede admirar en el primer piso un salón decorado con antiguos paneles de laca y en el cuarto el revestimiento de madera que proviene de un templo hindú.
Casa de la Cultura de Japón
101 bis quai Branly (75015). Metro Bir-Hakeim
Esta pagoda futurista propone una amplia gama de espectáculos de calidad excepcional, tanto de artes tradicionales como contemporáneas: exposiciones de estampas, conciertos ‘Jazz in Japan’, retrospectivas de Kurosawa, seminarios sobre el sake, demostraciones de caligrafía, veladas de poesía, representaciones de teatro tradicional (‘kabuki’, ‘bunraku’, ‘nô’, ‘kyôgen’) y vanguardista.
Jardín japonés del Museo Albert-Kahn
14 rue du Port (92100 Boulogne-Billancourt). Metro Boulogne-Pont-de-Saint-Cloud
Entre 1894 y 1910, Albert Kahn, banquero y mecenas francés, desarrolló en su propiedad de Boulogne una pasión por los jardines. Compró a sus vecinos próximos unos veinte jardincillos a fin de realizar un mosaico de paisajes dispares: jardín japonés, francés, inglés, bosque de los Vosgos…Sin lugar a dudas, el jardín japonés resulta el más sorprendente con sus jazmines y magnolias, sus bambúes, sus guijarros, su cascada musgosa, su vegetación de bonsáis, sus pabellones de té amueblados con ‘shôjis’ y tatamis y su lago en miniatura con un pequeño puente rojo, en cuyas apacibles aguas se deslizan indolentes carpas.
La Pagoda
57 rue de Babylone (75007 París) Metro Saint-François-Xavier
Durante la época en que lo japonés estaba de moda (hacia 1896), el señor Morin, un burgués locamente enamorado de su esposa, decidió ofrecerle una pagoda que, según se dice, hizo traer en barco desde el País del Sol Naciente. La señora Morin encantada celebró suntuosas recepciones vestida como emperatriz. Todo acabó cuando huyó con el hijo de un socio de su marido. En 1930, la embajada de China tuvo la intención de alquilar la pagoda, pero desistió al descubrir que el maravilloso fresco del salón ilustraba la derrota de su ejército frente al de los japoneses. Un año después, la pagoda renacía bajo la forma de un cine de círculo restringido, donde se proyectaron las primeras películas de Renoir y Buñuel. En 2000, la mítica pagoda reabrió las puertas de su sala oscura y de su salón de té. Saborear un té entre los bambúes del jardín en medio de tigres y dragones es una experiencia muy agradable.