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Edición del DOMINGO 26 de Abril del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Creciendo Con Nuestros Hijos
La verdad ante todo... aunque duela
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Ángela Marulanda | www.angelamarulanda.com

A mi juicio, la parte más dura de nuestra decisión de terminar con el matrimonio es tener que darles esta noticia a los hijos.

No solo no sabemos qué ni cómo decirles, sino que comprendemos que para ellos nuestra separación es una noticia devastadora y no queremos verlos sufrir.

En nuestro afán por amainar la pena de los niños por nuestro rompimiento podemos cometer errores que agravan su delicada condición. Algunos padres les ocultan la verdad a los hijos con “mentiras piadosas” para no verlos sufrir. Pero, como ellos se dan cuenta de lo que pasó pero no nos confrontan porque no quieren aceptar la realidad, sufren en silencio indefinidamente y sin nuestro apoyo. Y como en el fondo saben que los estamos engañando, pierden además la confianza en nosotros.

Otros padres deciden minimizar la gravedad del hecho y hablarles a los hijos de las ventajas de su decisión (ahora tendrán dos casas y juguetes en ambas, podrán dormir en nuestra cama...). Lo grave es que así lo que les enseñamos es que el matrimonio es un compromiso intrascendental y que se puede romper si nos conviene personalmente hacerlo.

Tan esencial como informarles la decisión de separarnos es la razón que les demos para lo ocurrido. Es frecuente decirles a los hijos que el motivo es que nosotros no éramos felices con nuestro cónyuge, y así les establecemos que la felicidad individual es tan importante que amerita acabar con cualquier compromiso, indistintamente de a quién perjudiquemos con tal decisión. Y que está bien buscar nuestra felicidad aunque el precio sea su infelicidad.

Si lo que motivó nuestra decisión de separarnos es que éramos infelices en el matrimonio, es más apropiado explicarles que decidimos hacerlo porque nos estábamos haciendo mucho daño debido a que no pudimos entendernos.

En la vida no hay experiencias buenas y malas, sino ante todo lecciones.  Si manejamos los sucesos dolorosos reconociendo el dolor que nos causan y elaborando el duelo de la pérdida con un espíritu constructivo, podremos ayudar a los niños a aceptar las penas con entereza y a asumirlas como una experiencia dura que, como todas, también pasará.

No podemos evitar que los hijos sufran con nuestra separación, pero sí podemos evitar que la forma como la manejemos les cause daños irreparables.

www.angelamarulanda.com


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