Milagro es una hermosa ciudad que durante muchísimo tiempo fue postergada. Su mayor necesidad por ahora no es que se trasladen allá centenares y miles de oficinistas que llegarían a saturar los servicios básicos tan escasos y deficientes con los que hoy cuenta esa población. Tampoco le servirá de nada que decenas de miles de ciudadanos de otras ciudades viajen todos los días desde Guayaquil a realizar trámites, provocando un caos en el tráfico y la circulación de las personas. Menos aún le interesan los problemas de inseguridad y el auge delictivo que eso ocasionaría.
Lo que Milagro necesita con urgencia no es convertirse en capital de una provincia por un capricho del momento, sino que se promueva su economía para generar centenares de nuevas plazas de trabajo; y que al mismo tiempo se hagan las inversiones públicas necesarias para contar con mejor salud y educación, amén de otros servicios fundamentales.
Milagro, en otras palabras, no necesita promesas demagógicas sino desarrollo sostenido.