El español Benito Floro sonríe porque dice que está a gusto en Guayaquil, ciudad que adoptó.
El técnico español se retiró del fútbol a los 26 años.
ARCHIVO Benito Floro durante un recorrido en el Malecón 2000. Él estuvo a punto de ser campeón de España con Real Madrid, en 1993.
Vivió entre la opulencia y el glamour del Real Madrid al que, como técnico, condujo a conquistar la Copa del Rey de 1993. Después, en el 2005, fue director deportivo del linajudo club merengue, pero él prefiere lo sencillo, lo cotidiano.
Por eso, contemplar el subir y bajar de la marea del río Guayas o del estero Salado es un pasatiempo que divierte al adiestrador español Benito Floro Sanz (56 años).
Esa actividad y caminar por la ciudad lo relajan cuando por breves horas escapa de las canchas, las concentraciones y de la presión de ganar partidos con Barcelona. Son aspectos que le agradan de Guayaquil, a la que asegura que acogió como suya en enero pasado, cuando asumió el reto de ser el DT canario que logre un título, esquivo desde 1997.
El pasado viernes, en una entrevista con este Diario, en la concentración torera del estadio Monumental, el entrenador oriundo de la ciudad costera de Gijón reveló facetas poco conocidas: lee literatura ecuatoriana, asiste al teatro, recorre el “casco viejo” –como él le dice al barrio Las Peñas– para “empaparse de los orígenes del puerto”. Lo hace como una forma de conocer, comprender y adaptarse más a la idiosincrasia de su nuevo medio.
Le preocupa lo que llama mala alimentación de los guayaquileños. “En cada pare veo gente excedida (de peso)”, refiere al final de la entrevista. Bromea al decir que ha visto varios vientres que se asemejan a las llantas de marca Michelín, pero aclara que lo dice sin ofender. “La mala alimentación es causa principal de infartos”, dice. Él prefiere los preparados naturales para atender ciertos malestares del cuerpo. “ Si sufres de anginas, te haces un preparado con limón y te mejoras”, cuenta.
Le gusta Guayaquil y su gente, porque tienen similitud “con la sociedad española”. Floro responde a las críticas porque en una práctica hizo una pausa para enseñar a jugadores juveniles a patear y dar pases tomándoles el pie descalzo. Afirma que cosas similares hizo en el Real Madrid con históricos como Emilio Butragueño y el chileno Iván Zamorano.
¿Ya se acopló a este medio?
Desde el primer momento la adaptación fue buena, no he sentido ningún cambio; posiblemente Guayaquil es una de las zonas en que más semejanzas noto como española. Somos sociedades muy parecidas.
¿En qué aspectos es similar?
En los temas sociales, en las relaciones con la Iglesia, la cultura, el trabajo; además de lo que he leído, aquí y en Quito, quizás sea donde más influencia tuvieron las ideas liberales de la Corte de Cádiz, donde se avanzó en la separación de los poderes de la Iglesia y del Estado.
¿Para saber más de Ecuador lee a autores nacionales?
Me gusta conocer a la gente. Cuanto más entiendes la idiosincrasia, mejor la disfrutas; de los pequeños detalles salen buenas obras. Me encanta mucho (saber la historia de los países donde ha vivido), por cuestiones de la web profundizas un poco. Ves qué novelas o qué películas te pueden situar mejor.
¿Qué leyó recientemente?
Vi en Wikipedia que la novela Las cruces sobre el agua, de (Joaquín) Gallegos Lara, era una de las obras fundamentales de la narrativa ecuatoriana. Me puse a leerla y la verdad es muy amena. Tiene el idioma de la calle y está muy bien narrada. Es muy guayaquileña.
¿Se ha aburrido cuando no halla muchos sitios de esparcimiento como en Madrid?
Sinceramente, a mí todo lo que es agua me encanta. En todos estos meses a mí me agradó ver llover fuerte. Esos torrentes que inundan las calles me parecen divertidos. Ver la marea del estero (Salado) subir y luego cómo quedaba descubierto; me gustaría que todo lo negro (contaminación) del estero se pudiera eliminar. No sé si existe alguna conexión con el río Guayas para limpiarlo. También voy al Malecón 2000 y el río, me encanta presenciarlo. E ir al casco viejo (Las Peñas); me gusta más que la parte moderna.
¿Es cierto que va al teatro?
(Sonríe) Me llevaron a la obra Secuestro express (risas). Me llamó la atención y me gustó.
¿Qué es lo que más le gusta de la comida ecuatoriana?
Los cebiches, el pescado, los camarones, las carnes y sobre todo las hortalizas y frutas.
Como extranjero, ¿qué le desagrada de la ciudad?
El tráfico. Habría que eliminar tanto pito de los coches; te asustan. También me llama la atención la forma de construir de una manera menos práctica que la europea. Se prefiere construir casas, una tras otra, en vez de edificios altos. Eso genera más asfalto, más cableado; así hay menos parques.
¿Usted continúa enseñándoles a los chavales de Barcelona aspectos básicos como la forma de pegarle al balón?
Sí, vamos a incrementarlo de una manera específica con dos sesiones especiales. Tal vez en quince días tengamos preparado ese programa.
¿Enseñar fundamentos lo aplicó solo aquí, donde se lo criticó por hacerlo con jóvenes canarios (incluso tomándoles el pie al patear), o también en el Real Madrid con estrellas?
Se equivoca; muchos chicos querían aprender. Emilio Butragueño era el que más lo deseaba. Uno les enseña desde lo técnico hasta lo físico; es mentira cuando la gente dice que un árbol torcido no se endereza. El hombre es el único ser vivo que puede aprender hasta los últimos días de su vida.
¿También le enseñaba a Butragueño cómo patear?
Entre otras cosas, sí, porque su remate con la (pierna) izquierda era chungo (flojo). Me interesaba explotar todas sus cualidades. Por ejemplo, Iván Bam Bam Zamorano tenía un cabeceo deficiente si el balón le venía por la derecha, pero si le caía por la izquierda, era poderosísimo. Entonces había que hacerle ver que cuando el balón iba por la derecha, tenía que cabecear buscando el segundo poste; y cuando llegaba por izquierda, debía cabecear al primer poste.
¿Pensó renunciar luego de perder 4-1, en Ambato, frente al Técnico Universitario?
Tengo claro que un entrenador es idóneo para un club cuando llega. Pero el primer día que empieza a trabajar ya se están contando los días para que salga. (sonríe). Simplemente en ese partido tuvimos fallas.
¿Cómo asume las críticas de la prensa por su labor?
Con máximo respeto, pero estoy ausente de ellas. No me enojo ni me pongo triste porque no estoy pendiente. No las leo, no las escucho y no las veo. Me entero (que algo va mal) por algún reflejo. Es decir, si noto que un dirigente se enfadó, intuyo que oyó algo desagradable; o cuando veo triste a un futbolista. Siempre aconsejo facilitarles el trabajo a los medios, pero hay que entender que ellos van por un camino y nosotros por otro.
Benito Floro
DT ESPAÑOL DEL BARCELONA
“La palabra Guayaquil suena muy musical, muy de lluvia, muy dulce”.
“No me molestan (las críticas de la prensa); no me enojo si hablan mal de
mí; no estoy pendiente de ellos”.