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Edición del DOMINGO 19 de Abril del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Aserrín aserrán, la carpintera del litoral
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Glenda vive en Guayaquil, pero su taller está en la hostería La Mesón del Quijote (Las Tunas-Manabí).
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Glenda Vélez  a primera vista es una mujer atlética, citadina y bastante femenina. Ella lo es, pero esto no le impide  seleccionar, cortar, tratar, lijar e instalar construcciones de caña guadúa.

Detalles, muchos detalles que coordinar. Esa es la premisa de Glenda Vélez, quien hace poco más de un año decidió dedicarse a la carpintería y ya es toda una experta en elaborar desde camas hasta cabañas completas.

Confiesa que nunca imaginó dedicarse a esta actividad. Se casó, en diciembre del año anterior, con Andrés de Guzmán, quien mantiene un negocio de exportación de madera; durante unos meses Glenda se debatió entre su negocio de venta de ropa y accesorios y en relacionarse con la exportadora. Pero llegó la pregunta: ¿La ropa o la madera?

“La madera, por supuesto”, respondió. Pero no como ejecutiva de ventas ni un trabajo de oficina. Ella armó su taller de carpintería en Guayaquil, donde rápidamente aprendió de maestros y albañiles los métodos para conservar en buen estado la materia prima.

¿Y los diseños? Dice no haber tenido grandes problemas. “Miro muchas revistas de decoración, diseño, arquitectura y, sobre todo, converso con el cliente para identificar lo que realmente quiere”.

Hace ocho meses le pidieron que colabore con la adecuación de la hostería La Mesón del Quijote, en la vía a Puerto López, entre Ayampe y Las Tunas. No lo pensó dos veces y se trasladó con sus seis ayudantes: Marcelino Domínguez, Luis y José Luis Barahona, Gastón y Tito Matías y Félix Vera  . Cuatro de ellos son oriundos de Santa Elena, así que siempre estuvieron muy dispuestos.

Juntos levantaron cinco cabañas hechas en caña guadúa y madera, las adecuaron con puertas corredizas, camas, veladores, sillas, mesas, armarios y más hechos de los  mismos materiales.

Y la labor continúa. Los pedidos particulares llegan por doquier, así que después de las cuatro de la tarde el equipo ‘cachuelea’ haciendo artículos decorativos, funcionales y personalizados.

La jornada termina, pero la energía de esta guayaquileña no. Va al gimnasio, practica yoga y spinning,  está pendiente de Iván y Claudia Rivadeneira, sus dos hijos de 17 y 15 años, respectivamente, y no descarta nuevas actividades. (G.J.)

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