CUENCA. La restaurada casa de la familia Benalcázar Viteri recibió este año una presea municipal por conservar el patrimonio.
“Arquitectónica y urbanamente única en el mundo”, fue el calificativo que la Junta de Andalucía, de España hizo sobre Cuenca luego de apoyar la ejecución de la Guía Arquitectónica de esta ciudad, conjuntamente con la Consejería de Obras Públicas y Transportes, Dirección General de Arquitectura y Vivienda de la Municipalidad local.
El documento se presentó en abril del 2007, durante el año jubilar de la fundación de Santa Ana de los Cuatro Ríos de Cuenca, y recoge las características de 164 inmuebles, vestigios, iglesias y monumentos.
“La superposición y construcción de la urbe, con ensambles armónicos del pasado cañari-inca; desarrollo colonial y republicano; y construcción moderna, aún respeta el entorno”, es parte del concepto que tiene la Junta de Andalucía sobre la capital azuaya.
Dos años después y hoy que Cuenca cumple 452 años de fundación, por lo menos cinco inmuebles del inventario patrimonial fueron derribados por sus propietarios o se desplomaron por el abandono.
En los lotes se construyen nuevas edificaciones, sin que hasta el momento el Instituto de Patrimonio Cultural y la Municipalidad sancione por la negligencia, según determina la ley y las ordenanzas.
Pero la mayoría de las edificaciones fueron restauradas y son utilizadas como centros de diversión, restaurantes, hostales, hoteles, museos, centros de arte y exposición.
Este año la Municipalidad premió con preseas a dos de ellos: uno que pertenece a los esposos Darwin Benalcázar y Manuela Guerrero, que mantienen en el tradicional barrio Central, calle Convención del 45. Por este inmueble, el de la familia Benalcázar Guerrero pasaron varias generaciones.
La casa de una planta, construida en adobe, madera y teja, fue restaurada por el arquitecto Claudio Ullauri, con una inversión de 300 mil dólares, que incluyó el trabajo artístico de Lucía Serrano, quien pintó en los nichos y paredes figuras de la naturaleza y jarrones.
Es una típica casona cuencana, pintada con vivos colores de la escala de rojos y amarillos, matizados con palo de rosa; mantiene en su interior los dos patios, a través de los cuales se entrelazan las calles Gran Colombia y Convención del 45.
El típico zaguán, que sirve de entrada, permite constatar que se mantienen los pisos de un metro de ancho, y huellas de las gradas de piedra y mármol antiguo, que pese a los modernos vitrales y cerámicos en los baños denotan la intención de recuperar una parte de la memoria de finales del siglo XIX.
La madera y el hierro forjado también sobreviven en este sitio, que ahora se puede apreciar como restaurante, que en homenaje a la ciudad se denomina Santa Ana, cuyas especialidades son las parrilladas y cuyes asados al carbón.
Esto obligó a sus propietarios a la adecuación de parrillas de aluminio junto a un antiguo horno de leña, que se hacían de ladrillo refractario y barro con técnicas de antiguos albañiles que conservaban el calor.
Para el arquitecto encargado de la recuperación, y quien presentó la nominación al Municipio que galardonó el inmueble, es una muestra de lo que se puede hacer, a pesar que para muchos propietarios se convierten en un problema.
Los dueños sienten satisfacción por mantener este patrimonio, mientras que Guerrero resalta el apoyo otorgado durante 33 años al negocio de comida El Tequila.