Las familias estamos viviendo aprisa con el afán de lograr un ascenso económico o social, y esto nos lleva a alejarnos de nuestro núcleo y a compartir largas jornadas con diferentes personas en otros ambientes.
Es inevitable que se propicie un espacio afectivo en donde intercambiamos expectativas, frustraciones, inquietudes entre sí, que muchas veces desembocan en relaciones “prohibidas”, es decir, donde uno o los dos tienen una relación estable con otro. El “espejismo” que suele presentarse al inicio es de una gran intimidad que, ayudada por la tecnología a través de los mensajes de texto, msm, entre otras, crea un vínculo. Reconozco que hay casos excepcionales en los que la gente ha encontrado el verdadero amor a pesar de un inicio tan complejo, pero son muy pocos. Luego, pasado el tiempo de la conquista, llega el caos para la familia, que ve cómo tambalea su espacio por el difícil momento que está viviendo el padre o la madre, para la pareja “prohibida” que ha creado esperanzas basada en la “intensidad” de los sentimientos. Este es el momento de evaluarnos y comprender que hemos creado una “atadura”, porque cuando sabemos que “me hace mal, pero no puedo dejarlo(a)”, estamos sufriendo de dependencia afectiva, y las personas con carencias son más vulnerables a generar una adicción; además, en estas relaciones se genera mucha serotonina, la hormona del placer, esto hace que se dificulte terminar la relación.
No olvidemos que “no hay más que una clase de amor, pero hay mil copias diferentes”.
Fuente: Sonnia Navas Gafter
Psicóloga clínica y magíster en Terapia Familiar Sistémica. Telfs.: (09) 295-1231, 244-8058
Pág. web: www.sonnianavas.com