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Edición del DOMINGO 5 de Abril del 2009 EL UNIVERSO inicio e-mail
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Antonio Moreano: Guía de la realeza
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Antonio Moreano (der.) junto con el príncipe Carlos, Camila Parker y otra guía (atrás).
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Paula Tagle | nalutagle@yahoo.com

Una pregunta común a los guías de Galápagos es si alguna vez tuvimos a un famoso entre nuestros pasajeros, estrella de cine, cantante, escritor, todo cuenta.

Una pregunta común a los guías de Galápagos es si alguna vez tuvimos a un famoso entre nuestros pasajeros, estrella de cine, cantante, escritor, todo cuenta. La mayoría de naturalistas, alejado del mundanal ruido por largo tiempo, viviendo en barcos, sin televisión, pierde un poco la noción de quiénes son los famosos y quiénes no. Además, para varios una estrella de rock puede no significar nada, mientras que una feminista norteamericana de los setenta es el ídolo máximo.

Pero por más despistados que estemos, sabemos que en Inglaterra hay realeza por varios siglos, y que existe un príncipe Carlos casado con la señora Camilla. Y que su visita a las islas no pasó para nada desapercibida.

Me perdí de la algarabía, sin embargo, Antonio Moreano, a la distancia, me cuenta su aventura personal con los príncipes de Inglaterra. Él tiene más de quince años de experiencia como naturalista, original de Quito, pero galapaguense de corazón, con hijos galapaguenses y con una vida hecha en las islas. El Parque Nacional Galápagos lo designó guía de los príncipes.

¿Estabas nervioso Antonio?, le pregunto a través del correo electrónico. “¿Por qué estarlo?”, me responde. Y no es que Antonio sea un tipo sobrado, para nada, es una persona muy sencilla, a pesar de tener más de 5.000 inmersiones y haber navegado por el mundo. Pero como él mismo dice, cada día llevamos gente de culturas diversas, de edades e intereses varios. Personas muy ricas, o muy interesadas en la naturaleza, o muy jóvenes o muy ancianas; y a todas se les transmite el mismo amor por la naturaleza, con cada uno hay que poner las las mismas ganas, o al menos, así debería ser.

A Antonio le recomendaron mil pasos de protocolo, que debía tratarlos de sus “altezas reales” y la distancia a la que tenía que caminar, entre otras sugerencias. Él, muy respetuoso, siguió al pie de la letra las instrucciones. Sin embargo, todas las formalidades se rompieron una vez que andando por Seymour Norte, Antonio les presentara la isla como “llena de bobbies.

Booby es la palabra en inglés para denominar a los piqueros, sin embargo, tiene doble sentido en el idioma, y corrientemente se la usa para hablar de senos. El príncipe miró a Antonio con sus inmensos ojos azules, aturdido al igual que Camilla. Entonces Antonio aclaró, que eran los bobbies de patas azules, y con esto el príncipe y su esposa no pudieron contener la gran risa, el hielo se rompió y siguieron por los senderos atentos y felices, como cualquier  otro pasajero que se maravilla de las islas.

Vieron a las fragatas cortejando, hablaron de los colores de las diferentes rocas, de las danzas de piqueros. Se acercaron a los palos santos a oler su sabia, y se maravillaron del dulce aroma a incienso; colores y olores nuevos. Hablaron de evolución, de lo que tiene y no tiene sentido en nuestra sociedad, de cómo transcurre la vida en estas islas de volcanes.

Una vez en Santa Cruz el Parque Nacional Galápagos declaró al príncipe Carlos guardaparques honorario. La tortuguita 53, originaria de la isla Pinzón, tuvo el honor de recibir un nombre propio elegido por el príncipe.

Al principio hubo dudas para escoger el apelativo adecuado, ya que se desconocía el sexo de la pequeña. Finalmente el príncipe la nombró William, en honor a su hijo. Un día tortuga William será repatriada a su isla de origen, convirtiéndose en una de las más de 5.000 tortuguitas resultado del exitoso programa de reproducción y crianza para salvar a las Galápagos.

A la salida de la Estación y el Parque los esperaba una espontánea ceremonia en Bahía Pelícano. La gente había preparado comida, exhibición de artesanías, bailes. El príncipe, me cuenta Antonio, quedó particularmente conmovido con la danza de la niña más chiquita del grupo. Rompiendo el protocolo se acercó a saludar de apretón de manos a la gente de nuestro multicultural Puerto Ayora.

Estaban los británicos que viven en las islas, y los extranjeros varios, había turistas, había galapaguenses de todas las variedades (nacidos, residentes permanentes, residentes temporales). Por ahí Antonio escuchó el comentario de algún despistado “qué bacán ese man, ¿y quién es?”. La seguridad, eso sí, estaba siempre muy atenta, aunque hasta ahora no hayamos tenido problemas con cangrejos criminales o iguanas terroristas en nuestras islas de relativa paz.

El príncipe Carlos y su esposa Camilla fueron recibidos con cariño por la gente de Las Encantadas, y por supuesto, por las especies únicas, que jamás hacen distinción entre reyes, príncipes o plebeyos. Nadie es intruso en Galápagos, todos pertenecemos al gran círculo de la vida.


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