Edición del VIERNES 3 de Abril del 2009
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50 años de La Dolce Vita
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Falda de mini lentejuelas con blusa de chifón negra y como cinturón una pretina brocada.
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Duncan Kennedy, desde Roma | BBC mundo

La obra maestra en blanco y negro de Federico Fellini inspira estos extravagantes flashes, donde nuestra paparazzi sorprende a la estrella local Carolina Jaume en los extravagantes vestidos retro de Fabrizzio Celleri.



"La escena de la Fontana de Trevi en la que las aguas acarician el voluptuoso cuerpo de Anita Ekberg ante la mirada embelezada de Marcello Mastroianni, empapado en su esmoquin, se convirtió en un clásico."

Un mes de marzo, cincuenta años atrás, el cine hacía historia en una fuente. No en una fuente cualquiera: en la Fontana de Trevi, la obra maestra del escultor y arquitecto Nicola Salvi, emplazada en el centro de Roma.

Desbordando sensualidad, los actores Marcello Mastroianni y Anita Ekberg -completamente vestidos- juegan en el agua. Cargada de erotismo, y una sensación de pérdida y deseo, la escena resultó sorprendentemente original y audaz para el público de hace medio siglo.

El filme se llama La Dolce Vita.

La escena de la Fontana de Trevi en la que las aguas acarician el voluptuoso cuerpo de Ekberg ante la mirada embelesada de Mastroianni, empapado en su esmoquin, se convirtió en un clásico.

Es precisamente la fusión del erotismo, la tentación y en última instancia, la frustración, condensados en un minuto y 38 segundos, lo que hacen de esta escena uno de los momentos más brillantes del cine.

Filmada una noche de marzo de 1959, cuenta la leyenda que Mastroianni tenía tanto frío que se valió de un traje de neopreno y una botella de vodka para poder hacerla.

Tabúes
La escena de la Fontana de Trevi es una de muchas en este filme pionero que muchos creen cambió el rumbo del cine.
La Dolce Vita se alejó del estilo de las películas de posguerra y marcó un nuevo camino hacia el neorrealismo.

La película fue condenada por el Vaticano y adorada por los críticos. 
Los diálogos, los personajes, los temas, todos se volvieron provocadores y fascinantes.

Se rompieron tabúes y las viejas ideas se hicieron a un lado.

El Vaticano la condenó, mientras que los críticos, en su mayoría, la adoraron.

En el estreno, algunos miembros del público escupieron a su director, Federico Fellini, enardecidos por lo que veían como una subversión a la moral y los valores aceptados.

La película es una suerte de sátira sobre la fascinación del público con los famosos.

Anita Ekberg, por ejemplo, interpreta el rol de una actriz de cine famosa que se convierte en una figura de fantasía para Mastroianni y para todos los hombres que la rodean.

La actriz francesa Anouk Aimee es Maddalena, una mujer hermosa y rica pero hastiada de la vida. Y Mastroianni anda en la búsqueda constante del significado de la vida, en medio de las ambigüedades sociales de la posguerra y de la Italia después del fascismo.

Un mundo materialista
No es común que una película cambie el cine. La Dolce Vita  lo hizo. Aún se pueden notar sus influencias en películas contemporáneas.

Sophia Coppola se inspiró en ella para su filme Lost in Translation.

Fellini también filmó otras películas que se convirtieron en clásicos del cine. 

El público joven tal vez ya no se identifique con ella, en gran parte porque son muy pocos los jóvenes que la han visto.

La película se ha, de alguna manera, vuelto antigua, pero en un sentido positivo.

Sí, puede que la ropa, los cortes de pelo se vean un poco ridículos hoy día, Pero la obsesión con el materialismo y las celebridades le dan una relevancia poderosa.

Fellini murió en 1993, a los 73 años de edad.

También hizo otras obras maravillosas como Ocho y medio, pero con La Dolce Vita, nos brindó un nuevo mundo materialista y superficial, enmarcado por sonrisas y personas imperfectas.

Al tiempo que nos ofrece una "vida dulce", nos tienta con su parodia de la vida real.

Esperanza y desesperanza
La actriz Valeria Ciangottini participó en la película, interpretando a Paola, una niña de 13 años que personificaba la inocencia más pura.

Fellini quería que la gente estuviese relajada para que su verdadera forma de ser se vea reflejada en la película. Quería dejar de lado la ficción y transformarlo en algo real

Valeria Ciangottini, Paola en el filme.  Valeria  dijo que actuar en el filme fue algo mágico.

"Fellini nos hizo sentir a todos muy cómodos", dice. "Quería que la gente estuviese relajada para que su verdadera forma de ser se vea reflejada en la película. Quería dejar de lado la ficción y transformarlo en algo real".

A través de todo la película se trasluce un mensaje de esperanza, matizada por la desesperación.

Y todo lo que sucede está seguido de cerca por los paparazzi, palabra que se hizo parte de nuestro lenguaje a partir de esta película.

Sus temas son atrevidos y originales.

Infidelidad, suicidio, asesinato, depresión, todo entrelazado con escenas de alegría y diversión.

¿Por qué? Porque así es la vida, sugirió Fellini.


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