Edición del VIERNES 3 de Abril del 2009
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CAPRI, gran historia de una pequeña isla
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Juan Antonio Narro Prieto, especial para Sambo

Es una isla para mirar y divisar el horizonte. Es destino de miradores y atardeceres, es encuentro de rocas y mar, de acantilados y pinos.

El nombre de Capri nos recuerda a vacaciones, sol, mar y un cierto aire de glamour, pero ¿dónde está exactamente esta isla?

Situada en Italia, frente a la preciosa bahía de Nápoles, es uno de los grandes destinos turísticos de cuantos viajeros se acercan a conocer esta parte del país. Una especie de pequeño e histórico paraíso rodeado por el mar Tirreno.

Lo primero que advertiremos, si teníamos pocos datos sobre Capri, es que se trata de una isla muy pequeña (poco más de 10 kilómetros cuadrados) y donde la playa no es, desde luego, su reclamo turístico. Sus grandes acantilados, sus paredes rocosas y la profundidad de sus aguas, de un intenso y llamativo azul, hacen que aquí busquemos otras cosas.

En todo caso, esto no es importante. Quienes se acerquen descubrirán un especial romance, casi perpetuo, entre naturaleza, mar, historia y su hospitalaria población.

Sus características rocosas (una continuación de la península de Sorrento),  hacen que encontremos numerosas grutas, formaciones pétreas y galerías “esculpidas” gracias al capricho del agua y del viento. Son conocidas, en este sentido, la gruta azul (Grotta Azzurra) –una de sus indiscutibles atracciones turísticas- y los farallones, posiblemente la instantánea más repetida de este destino.

En todo caso, de la isla, además de visitar los pequeños y siempre animados municipios de Capri y Anacapri, lo llamativo es la variedad de posibilidades que ofrece, a pesar de sus reducidas dimensiones. De lugares con mucho ambiente (como la piazzetta de Capri, repleta de terrazas y restaurantes), a la tranquilidad y paz que se respira en un sosegado mar mientras damos una vuelta en barco alrededor de la isla; de las particulares “esculturas” de rocas calcáreas (muestra de los antojadizos deseos de la naturaleza) a los, aún visibles, vestigios de anteriores civilizaciones que por aquí pasaron; de sus recuerdos como lugar de descanso de emperadores romanos a ser, más recientemente, refugio de artistas y grandes diseñadores.

Capri, en todo caso, es isla para mirar y divisar el horizonte. Es destino de miradores y atardeceres, es encuentro de rocas y mar, de acantilados y pinos. Estoy pensando, en estos momentos, en balcones como las panorámicas únicas e inolvidables que se obtienen desde la Villa San Miguel (erigida por el escritor sueco Axel Munthe), desde el Monte Solaro (el punto más alto de la isla), desde el belvedere –mirador di Tragara (inmejorable emplazamiento para inmortalizar los farallones al atardecer), desde el belvedere Cannone o desde el situado en el ensanche donde llega el funicular que va del puerto a lo alto del pueblo de Capri.

Capri, sin lugar a dudas, tiene un sabor propio y único, con melodías cercanas a césares, reyes y príncipes. No quiero olvidarme de un dato que me resultó francamente curioso: sus vehículos. Lo angosto de las calles obliga a que muchos medios de transporte hayan tenido que, como si habláramos de la teoría de la evolución,  “adaptarse al medio”. El vehículo de correos, el que lleva las maletas, el que recoge la basura o los autobuses son más estrechos de los que normalmente conocemos.
En todo caso, sería injusto acabar un reportaje sobre Capri sin mencionar su “dos hermanas”: Ischia y Procida. Situadas al norte del mismo golfo, de orígenes geológicos distintos y comunicadas por una buena red de ferries, son dos pequeños mundos que merece la pena conocer.

Por cierto, Ischia es famosa por sus balnearios y por las propiedades terapéuticas de sus aguas. No estaría nada mal una pequeña “escapada” para probarlos. Puedo asegurar, y la experiencia aquí es un grado, que las sensaciones son realmente únicas.


Web: www.capri.it y www.isoledelgolfodinapoli.it 

Acercándose
¿Cómo llegar?:

Desde Nápoles salen barcos regularmente que, en tres cuartos de hora, nos acercan hasta Marina Grande, el puerto principal.

¿Dónde dormir?: Hotel la Residenza (www.laresidenzacapri.com)

¿Dónde comer?: Restaurante Capri Moon

Algunos consejos: 1) Desde Marina Grande se contratan muchas excursiones para hacer submarinismo y descubrir el otro gran mundo de Capri, pero éste situado en el mar y algo escondido. 2) Un paseo en barco alrededor de la isla es muy aconsejable.

Una bebida: Hay que probar el extraordinario limonchelo que, por estas latitudes, se elabora. Por cierto, nada mejor que acompañar una comida con los magníficos vinos blancos de Ischia.


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