Ahora cuando nos hablan de Vivaldi, de Rossini, Puccini, no sabemos si debemos recordar las Cuatro Estaciones, El Barbero de Sevilla, La Bohemia, o si se trata de una variedad de pizza, un plato de tagliatelli, un tipo de espagueti.
El chef Amador Álvarez del restaurante madrileño Paparazzi, acaba de crear tres platos como homenaje gastronómico a la Dolce Vita Italiana, característica de una de las épocas más glamurosas del siglo XX, cuando se impuso el Martini seco con su aceituna como la bebida más chic de aquella mítica época plasmada en la película estelar de Federico. A partir del 24 de abril próximo, los clientes de Paparazzi podrán saborear tres platos elaborados con las variedades del clásico vermut. Estamos hablando de linguini con salmón ahumado y zucchini al Martini blanco ($ 13,00) risotto al azafrán y langostinos al Martini rojo ($ 15,00) tortellini con saltado de setas y perfume de Martini dry, ($13, 50). Desde luego habrá en las paredes fotografías para recordar cintas como La Dolce vita, Amarcord, La Strada, Ocho y medio, Satyricon, Roma, La ciudad de las mujeres, La voz de la luna, entre tantas.
Pero eso no es todo, el restaurante Amarcord, en Valencia propone el “vitello alla Fellini”. A decir la verdad, sitios de buen comer que llevan el nombre del famoso cineasta se encuentran en Madrid, en Roma, San Petersburgo, Río de Janeiro, Bruselas, para citar los más cotizados. Fellini, siendo un gran aficionado a la buena comida, solía también dibujar. El director de la fundación Fellini en Rimini dice: “No dejaba de dibujar siquiera cuando comía, hablaba por teléfono, usaba las servilletas de los restaurantes”. Plasmaba en ellas como él mismo lo escribió “anatomías femeninas obsesivamente híper sexuadas, rostros de cardenales decrépitos, llamas de cirios, culos, tetas mayúsculas, toda esta pacotilla que haría gozar a los psiquiatras”. Dichos dibujos se exponen hasta el 19 de septiembre en la Filmoteca de Madrid.
Aficionado a la gastronomía, Fellini se dio realmente un festín al reproducir para la pantalla el tremendo banquete de Trimalción contado por Petronio. Se quedarían muy atrás películas como La grande bouffe (La comilona) e incluso el banquetazo que Flaubert nos describe en su novela Salambó.
Solo faltarían los supuestos emparedados que el cineasta tiene que haber compartido con Nino Rota, mientas ambos, frente al piano, imaginaban la música de las futuras películas.
En Rosario existe un club de gourmets que lleva su nombre. Fellini conocía y amaba al vino, lo que le impulsó a escribir: “Un buen vino es como una buena película. Dura un instante y te deja en la boca un sabor a gloria: Es nuevo en cada sorbo, y como ocurre en las buenas películas, nace y renace en cada saboreada”. En el Gran Hotel de Rimini, Fellini se sentaba siempre en la mesa número tres y pedía vino Sangiovese. Hombre completo, dibujante, caricaturista, cineasta, catador, músico aficionado, maestro en erotismo, sabía que la cultura no es una suma de conocimientos a secas sino una forma de paladear el instante, hacerle el amor a la vida.